Dicen “acoger”, quieren decir “frontera”

El nacionalismo es como una mancha de aceite. Lo pringa todo. A veces intentas seguir adelante pensando que tu camisa está limpia y alguien te dice: “Mira, ahí. Ahí tienes la mancha”.

El nacionalismo es una deformación intelectual del instinto de manada. Decir que los humanos somos animales sociales es muy bonito. No es tan políticamente correcto decir que los grupos humanos también se definen por el instinto de aniquilar a los competidores, sean humanos o no.

Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que somos lo mismo. Por más que le damos vueltas a nuestras diferencias, no podemos evitar reconocernos en el resto de seres humanos, sean negros, blancos o amarillos.

La guerra de Siria

La guerra de Siria inicialmente es una guerra local. Un dictador local maltrata a su pueblo localmente y las ideologías locales promueven su contrapoder mediante la violencia.

Eso no quiere decir que no haya conexiones globales. Incluso condicionantes o causalidades globales. Quiere decir que un obrero de Pittsburgh o de un barrio humilde de Hamburgo no están en el centro del problema de la guerra de Siria.

Es legítimo querer dar una solución global a las consecuencias de la guerra de Siria sin parar la guerra en Siria mediante un ejército. Entra dentro de lo normal decir: “Estoy contra la violencia y si, para impedirla, tengo que usar la violencia, prefiero que la violencia continue”. Por lo tanto, se puede entender a quien no quiere intervenir militarmente en Siria. Máxime cuando no está claro que intervenir militarmente solucione el problema, como ha demostrado la dubitativa posición americana.

Por lo tanto, con buen corazón, gran parte de la izquierda ha adoptado una posición en cierto modo lógica: “Queremos ayudar a los refugiados”. Es decir, no tenemos idea de cómo arreglar esto, pero ayudaremos a las víctimas de la guerra. Parece sensato.

La variación soberanista

Ahora os paso a relatar cómo se ha pervertido el argumento en Cataluña para usarlo en favor de la causa independentista.

En descargo de los indepes, diré que lo que hacen lo hacemos todos cada día. Tomamos dos o tres referentes del mundo exterior, los adaptamos a nuestros objetivos y seguimos nuestro camino, a ver si cae algo. Si alguien dice que es exactamente lo que estoy haciendo aquí, tomar un tema “random” y criticar al independentismo, acierta de pleno. Además, ese es el punto: demostrar que la presunción de excelencia intelectual y moral del independentismo es falaz y que todos somos iguales, aunque no todos actuemos igual.

Al grano.

Volem acollir. El nuevo eslogan soberanista. Tiene dos partes:

  1. “Volem”: sintagma soberanista por excelencia.
  2. “Acollir”: complemento circunstancial de caridad cristiana. Es el que más me interesa.

La caridad es un valor mal entendido. Es claramente positivo. Significa que alguien ayuda a alguien, punto. Ni pena, ni condescendencia. “Acoger” es parecido. Te “acojo”. Es incluso gráfico: “Te tomo de la mano”. Fenomenal.

El problema no está en el “coger” sino en el “soltar”. ¿Qué implica acoger? Implica dar vivienda, alimentos, atención sanitaria y otro tipo de ayuda mientras el país de donde vienen los refugiados están en situación de guerra. Pero también implica volver a su país cuando acabe la guerra. Uno se refugia porque no puede quedarse, pero luego, todos entienden que se tiene que ir por donde vino.

Y eso es lo profundamente inconsecuente. No puedes traer a 5.000 personas de Siria a Barcelona, que vivan 5 años y después que se vuelvan por la fuerza a Siria. ¿O se podrían quedar a vivir? Entonces ¿por qué no reconocerles los derechos de nacionalidad desde el primer día? ¿Por qué no decir “quien quiera vivir en Cataluña podrá ser ciudadano de pleno derecho”?

Aquí, el soberanismo busca dos cosas:

  • Criticar al gobierno central: ¡qué raro!
  • Lavar su imagen xenófoba

Ningún indepe se considera “xenófobo”. Es más, cuanto más conozco la ideología, más me parece que no es esencialmente xenófoba, pero que necesita de la xenofobia para ganar y por eso la emplea como una droga. El independentismo es una ideología de poder que ha parasitado la cultura catalana y que sabe que ciertas dosis de xenofobia ayudan a movilizar al personal. Pero claro, ciertas dosis y contrarrestadas por toda la autocomplacencia que se pueda. Volem acollir. Som collonuts.

Sea como sea, el independentismo es un proyecto que quiere aplicar la ley de extranjería a gente que antes eran connacionales. También argumenta sobre la falta de criterio, empatía o cultura de la mitad de España y lo atribuye a razones históricas. Por último, ha acuñado el término “colono” para referirse a los catalanes no independentistas. Si no es xenofobia, es muy parecido.

La solución al drama de los refugiados sirios a corto plazo es complicada. Pero a largo plazo pasa por la desaparición de la soberanía nacional, por la configuración de democracias globales y la inevitable erosión de la identidad de los pueblos. A quien no le guste, que proteste, pero que no acuse a los demás de no querer acoger. Sobran los sermones, los brazos elevados en disgustada queja, las lágrimas de cocodrilo. ¿Quieres acoger? Pues milita en una ideología que garantice los derechos de ciudadanía en Cataluña para todos en igualdad, ya provengan de Albacete, de Vic o de Damasco.

Menos acogimiento fingido y más tratar de igual a igual a todos los ciudadanos del mundo.