Reflejos y Reflexiones

Incomodidad


Hoy recordé la última vez que me enfrenté a una situación de incomodidad tal, que quise alejarme de todos. No era una situación de vergüenza, si no más bien de incomodidad, de exclusión, de sentirme relegado a un segundo plano. Muchas veces había ocupado este lugar, pero durante mucho tiempo, simplemente, dejó de importarme y me convertí en un exquisito observador. Posición que me valió de mucho porque empecé a percibir ciertos detalles que a los demás se les escapaba.

Pero esta vez era distinto porque lo que yo quería era todo lo contrario. Sentía ganas de charlar con todos, especialmente con Victoria. Pero no sentía la más mínima apertura, ni de los demás, ni de ella. Quería alejarme, bajarme de su auto en el siguiente semáforo en rojo. Tan incómodo estaba que me hubiese bajado con el auto en marcha si no me hubiese hecho daño.

Fue entonces cuando reparé que últimamente he aprendido a enfrentarme a mis miedos, pero que aún flojeo con mis ‘incomodidades’. Y esta vez, mi incomodidad tenía nombre de mujer y un nombre que como ‘animal de competencia’ que soy, me encantaba… ‘Victoria’, como me gustaba ella. Sus amigas le decían Vic, por esa obsesión que tenemos por invocar a las personas con una sola sílaba, como si se tratase de un suspiro. ‘Pol, Vic, Juan, Luz, Luis, Mar, Sol…’

Enfrentar nuestros miedos es excitante, dispara adrenalina en nuestro cuerpo y el tema se convierte en un reto, en una especie de adicción, porque cada vez quería encontrar más miedos a cuales enfrentarme, y superarlos. Pero qué pasaba con aquellas cosas que no eran temores en cuanto tales, sino más bien eran ‘incomodidades’… algo que no te asusta, pero no te da ganas de hacer… Como…. ordenar la pieza, planchar, tener una conversación que no quieres tener, pero que sabes que puedes tenerla… Como si te tocase despedir a alguien, aunque no lo vuelvas a ver; o decirle a alguien que no te importa que se va a morir…; ¡qué se yo! Simple y pura incomodidad.

Enfrentar a los miedos, liberar toda esa adrenalina, tenía algo de orgásmico. He pensado mucho sobre el miedo… Esa sensación que se presenta en busca de preservar nuestra seguridad, nuestra sobrevivencia, una emoción que busca evitarnos el dolor. El problema con la mente es que no distingue lo que son los miedos reales de los irreales. Puedo tener miedo de hablar con alguien que me gusta, como miedo tengo de andar a la madrugada por un barrio peligroso. Talvez no sea la misma intensidad, pero digamos que en el primer caso el miedo es una simple proyección. No es un temor real porque mi integridad, mi seguridad y sobrevivencia no están comprometidos, a diferencia del segundo caso. Es así como, mediante estas racionalizaciones solemos motivarnos para tomar una determinada acción.

El temor se presenta como un reto y por ello encierra una motivación y una conquista, mientras que con la incomodidad nos cuesta más porque le corremos a aquello que nos hace sentir incómodos. De hecho cuando alguien se ‘acomoda’ a situaciones ‘incómodas’, puede quejarse todo lo que quiera, pero lo cierto es que ya se ‘acomodó’, porque es más fácil rehuirle a la acción que cambie ese status, esa zona de confort de la que tanto se habla hoy en día.

Pensemos en un olor, un aroma desagradable… Tipo: un cartón de leche podrida. Oler ese cartón, a la mayoría de gente no le va a a causar temor, sino incomodidad, por lo que evitará olerlo a toda costa. Pero, si llegase a gustarle un olor desagradable, ya no sería una incomodidad cada vez que acerque su nariz a aquel cartón.

Pienso que muchas veces le prestamos demasiada atención a nuestros miedos, y poca atención a nuestras incomodidades. Tenemos un sistema de gratificación tan claro, que simplemente le corremos a aquello que nos incomoda porque no nos motiva en absoluto… Es decir que para enfrentarnos a una incomodidad, requerimos tener la motivación necesaria. Ejemplo: Si me incomoda madrugar lo haré solamente en la medida que la razón para madrugar valga la pena y me motive a hacerlo. Caso contrario, no lo haré. No es que tengo temor a madrugar.

Pero, en la mayoría de casos, las incomodidades se nos presentan… El hablar con una persona, el enfrentarnos a situaciones que no queremos como compartir con gente con quienes no sentimos afinidad, realizar determinada tarea que no tiene una remuneración o gratificación inmediata y que nos cuesta… etc. Están presentes todos los días.

Ser conscientes que nuestros temores no es a lo único que hemos de enfrentar en nuestras ‘luchas internas’ es abrir un nuevo frente de combate en el cual encontramos este tema del que se habla muy poco: las incomodidades. ¿Te animarías a imaginar con que versión tuya te encontraías frente al espejo si enfrentas satisfactoriamente a la mayoría de miedos y a la mayoría de incomodidades? ¿Qué potencial tendrías en ese momento?

En mi vida me he enfrentado como un valiente a todos, o casi todos mis temores. Pero he sido un cobarde respecto a las situaciones más incómodas… Muchos momentos, la mayoría de ellos, no le dije a Victoria lo que pensaba, lo que sentía… porque considere que ni era el lugar, ni la hora… Pero hasta el día de hoy ni ha llegado la hora, ni he vuelto a caminar por el mismo lugar y no sé cuánto me liberaría haber hecho que llegase esa hora y ese lugar, independientemente de la respuesta que pude haber tenido de su parte.

Creo que a veces los miedos se disfrazan de incomodidades solamente para hacernos la vida más a cuadritos, pero me parece que es algo mucho más fino y profundo que lo que quiero expresar en este momento.

Mi reto, y lo asumo, para este 2014 es enfrentarme a ciertas situaciones incómodas a las que, usualmente, les esquivo. Creo que me ayudará a alcanzar mi mayor potencial, encontrarme con una versión mía que me interesa encontrar.

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