Mi verdad

Quienes me conocen bien, que cada vez me doy cuenta que son menos, saben que si hay algo que detesto es la exposición; de hecho, es algo que traté -y sigo tratando- de evitar lo máximo posible. Probablemente por eso cuando abracé el periodismo opté por el escrito; porque, además del misticismo que esconden las letras, es el que permite una vida mucho más tranquila. Soy un firme convencido de que los periodistas deben hacer las noticias y no serlas.

Esa es la misma gente que sabe de lo mucho que amé esta profesión -por todo lo que significó para mí el solo hecho de haberla elegido- y cuánto detesté el haberme visto expuesto en el primer gran cotilleo de 2017 entre los colegas.

Creo también firmemente en aquello que señalaba Tomás Eloy Martínez como el primero de sus diez mandamientos del periodista: “El único legado del periodista es su buen nombre”. Y es precisamente ese leit motiv de estas líneas en las que me gustaría exponer mi relato de como se sucedieron las cosas en los últimos días, un relato que al Diario Hoy, el portal del presidente Horacio Cartes, no le importó siquiera consultar antes de pegarme con toda la fuerza que le cabía en mano.

Voy a intentar detallar algunas cuestiones:

1- El pasado viernes 6 de enero, uno de mis editores de la edición digital de ABC Color me pidió que preparara un material sobre la polka 6 de Enero, un poema convertido en música que versa sobre la tristeza del niño pobre que en la mañana de Reyes se despierta con los zapatitos vacíos de regalo. Para realizar este material, usé como fuente de consultas otros que ya habían sido publicados con anterioridad en el mismo medio. La nota fue publicada bajo el título “El dolor de los olvidados”. Al ser lo que en idioma periodístico llamamos un “refrito”, fue publicado originalmente sin firma alguna, puesto que no había justificación. Y así fue publicada en las redes del diario.

2- En algún momento, por error mío, mi firma fue incluida en ese material. Insisto en esto, no debería haber estado y acepto totalmente el error en la inclusión de la misma.

3- El sábado 7 de enero, en horas de la tarde, la siempre amable mbo’ehara Mirta Martínez -encargada de la edición en guaraní de ABC Digital- me señaló que había reclamos sobre el señalado material y que don Mario Rubén Álvarez reclamaba la falta de reconocimiento como fuente de consulta del material.

4- Ante esta situación inmediatamente me puse en campaña y busqué de todas las formas posibles el teléfono de don Mario Rubén. Una vez que lo conseguí, gracias a la ayuda de mi querido amigo y compañero de trabajo desde hace más de un lustro, Ariel Espinosa; me puse en contacto con el maestro para consultarle lo que había ocurrido. Don Mario me indicó que el material se había basado en una obra suya publicado en un libro de su autoría titulado Las Voces de la Memoria y que el ensayo estaba disponible en el Portal Guaraní.

Ante el error, le expliqué como había sido concebido el material y le pedí una sincera disculpa, asegurándole que de ninguna manera había intención de apropiarse de su trabajo. Le dije que apenas cortara con él, rectificaría la cuestión, agregando al material el link del Portal Guaraní y aclarando que había sido basado en ese trabajo. Me volví a disculpar y me despedí de él, que antes de terminar la llamada me dijo: “Che ra’y para mí ya está terminado esto. Te agradezco el gesto de grandeza de llamarme a disculparte y de reconocer el error”.

5- Terminada la llamada, actué tal cual le había prometido a don Mario Rubén y como me dictaba mi consciencia: agregué la fuente del material, hipervinculé al Portal Guaraní y saqué la firma que nada tenía que hacer en una nota basada en un trabajo ajeno. No, no se deshabilitaron los comentarios, ese ya fue un problema técnico en el que nada puedo influenciar.

6- Ante la inconsulta para la toma de decisiones, el jefe de Redacción de ABC Color, Armando Rivarola, me llamó a preguntar lo que había pasado y me pidió un informe escrito. Decidió sancionarme por haber incumplido con la norma de preguntar antes de modificar cualquier artículo ya publicado en nuestro diario. Una norma que reconozco y que acepto no haber seguido los pasos correspondientes.

Si en realidad hubiera existido dolo o mala intención, lejos habría estado de mi ánimo el llamar a don Mario Rubén Álvarez apenas supe lo que estaba pasando. No hablé antes porque me parecía haber actuado de la forma correcta al hablar con él la cuestión y pedir las respuestas correspondientes.

Quienes aprovecharon la cuestión para golpear fueron personas que de un tiempo a esta parte han demostrado una feroz animadversión en contra de mi persona y en contra del Foro de Periodistas Paraguayos (Fopep). Nunca hubo un mensaje de pregunta o de recriminación, nunca aclararon que ya había existido una disculpa formal ante don Mario Rubén por el error de replicar viejos materiales que no lo habían citado. Había que pegar porque llegó la oportunidad y había que usarla.

Fieles a su estilo, el diario Hoy no desaprovechó la oportunidad. Lo que hacen desde los medios del presidente Cartes es, dentro de todo, legítimo en este juego de la prensa. Hay que pegar a los que molestan.

Hoy, el portal de la guerra sucia mediática -un concepto contra el que gente que forma parte de su staff está en contra-, no es precisamente el sitio acostumbrado a citar fuentes cuando de fotos o textos se trata. De hecho, la rabia acumulada contra este servidor viene por los constantes reclamos por la utilización indiscriminada de materiales gráficos de ABC Digital en su sitio, entre otras tantas cuestiones.

Quienes leyeron el material (acá va el link por si no lo hayan hecho) pudieron evidenciar enseguida una saña no solo de quién la redactó sino también de quienes pasaron los datos malintencionados.

Insisto, Hoy tiene claro que hay que pegar a los que molestan y aprovecharon la oportunidad para darme una paliza. El enojo en esa redacción llega hasta el punto de que varios de sus miembros decidieron tomar a tono personal cuestionamientos de índole editorial y bloquearme de todas sus redes sociales.

Los de Hoy me apalearon, pero lo hicieron utilizando medias verdades o mentiras completas, como cuando afirman que yo soy “experto en ética periodística” o que es la tercera vez que se me acusa de un plagio o que me estoy preparando para viajar a Italia y hablar allí de ética periodística en Paraguay.

Yo no me puedo considerar experto en absolutamente nada cuando apenas tengo seis años en esta profesión en la que aprendo al lado de mis compañeros y gente de mucha más experiencia, gente a la que admiraba desde hace tiempo y con la que hoy me puedo sentar a hablar.

Sobre las sanciones anteriores en mi lugar de trabajo, quienquiera puede acercarse al diario ABC Color y con gusto le presento mi legajo completo de los seis años en esta casa. Y sobre el viaje a Italia, no existe tal cosa y las veces que me tocó viajar por trabajo fue para presentar alguna investigación o ir a cursos de capacitación, todos pagados por organizaciones internacionales de alto renombre.

Mienten también cuando dicen que me sacaron de la programación de ABC Cardinal por mis traspiés. Sí, claro que cometí errores y la jefatura de prensa siempre me daba indicaciones sobre cosas que debía mejorar pero ¡por Dios! tengo 24 años y era mi primera experiencia en horario central. No sigo en la programación diaria por los cambios que se dieron, pero sigo formando parte del staff de la radio, como equipo de soporte ante emergencias.

Reconozco el error y reconozco que debería haber hablado antes, pero quería seguir las vías institucionales correspondientes y hablar primero con mis compañeros de la directiva del Fopep, donde puse mi cargo a consideración y mi renuncia fue aceptada. Si hay algo que no quiero es que esa institución que tanto ha hecho por la capacitación de los colegas se vea afectada por la situación.

Me dolieron los golpes y las patadas que me dieron ya estando en el piso. Me dolieron los silencios y las celebraciones calladas de algunos. Pero en medio de todo eso, lo importante es haber contado con gente que sin dudar me llamó a preguntarme cómo estaba, a darme una palabra de aliento o que cuando volví al trabajo simplemente me pasaron la mano fuerte, me dieron una palmada o me dieron un abrazo. Conocí mejor a la gente y les estoy agradecido a éstos últimos, pero especialmente a los primeros por ayudarme a ser más fuerte de ahora en más.

Me duele más ver cómo un medio de guerra sucia lo único que busca es establecer la división entre los periodistas, la misma técnica de los K en Argentina y donde hasta hoy hay colegas que no se pueden ver la cara.

Como me dijo alguien, estos golpes nos obligan a sentir los que sienten muchas veces quienes son blancos de nuestras publicaciones y nos obligan a sentar mejor la cabeza en el trabajo, a ser más profesionales, hasta más humanos.

Al Diario Hoy no le importó nunca publicar mi versión o escribirme para preguntarme al respecto ¿para qué si es apenas un derecho constitucional? Un derecho que muchas veces hace caer historias que consideramos grandes, pero había que pegar, pegar y pegar. Nada más importaba. Es seguro que esto no les iba a importar tampoco y en realidad no me interesa -es más los desautorizo- que publiquen estas líneas.

Sigo creyendo en el periodismo como herramienta de denuncia para reclamar en nombre de aquellos que no pueden, sigo creyendo en la honestidad y en el ser buena gente como principios primero de la vida y en mi profesión. Eso no me van a sacar por más apaleada que me metan.

Esta es simplemente mi verdad y la quería exponer para quienquiera leerla. Y que quede bien en claro: aprovechen esta vez este error y péguenme todo lo que puedan, otra no les va a quedar.

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