La tele sin fútbol, el pueblo sin opio.

Para cualquier amante del fútbol, o quien eventualmente siga uno u otro partido, será fácil recordar que hasta hace algunos meses las transmisiones futbolísticas se caracterizaban más por la constante propaganda de proyectos y obras de la Revolución Ciudadana que por la calidad de relatores y comentaristas.

Han pasado 9 años desde que en Julio del 2008 el gobierno ecuatoriano incautó, entre 195 empresas, dos canales de televisión del Grupo Isaías, canales que llegaron a hacerse cargo de los derechos televisivos del Campeonato Ecuatoriano de Fútbol con un contrato que inició en 2013, desde entonces la relación entre la Federación Ecuatoriana de Fútbol y esos canales ha tenido tanta fortuna como el Deportivo Quito con los éxitos deportivos.

Hasta el año pasado, no era extraño escuchar la velocidad y precisión quirúrgica con la que cada 5 minutos los micrófonos y nuestros oídos receptaban odas y poemas recitados sobre la revolución, para luego, de inmediato, ser atacados por la mala pronunciación de algún apellido extranjero, el mal gusto y la pobreza descriptiva acerca del orden y la táctica futbolera, un atentado a la magia del deporte.

Algo extraño pasó este 2017, de repente la publicidad presente en TC y Gama hacía referencia al Banco de Pichincha y al de Guayaquil, será que ya no existen proyectos dignos de promocionarse de la mano de las transmisiones futbolísticas o ya no alcanzó el dinero para que el Estado reclame su presencia en los espacios de publicidad, me pregunté.

Las muestras más grandes de una pésima administración aparecieron cuando los canales empezaron a ceder la transmisión de ciertos partidos, sin soltar los peces gordos que representan Barcelona, Emelec y Liga de Quito, para finalmente convertir la intermitencia y la incertidumbre en sus prácticas más comunes.

Hoy, y desde hace algunas fechas, no existen transmisiones de fútbol en señal abierta, TC y Gama cedieron la actividad a empresas que llevan el fútbol a la televisión a través de señal codificada y en servicio de Pague Por Ver, se dice también que desde 2018 esta será la única manera de tener al deporte rey en una pantalla hasta 2023.

De ser esto cierto, es importante analizar la realidad que vive el fútbol ecuatoriano; los canales incautados dejaron de recibir el dinero que la Revolución Ciudadana inyectaba a través de publicidad, esto a su vez les impide cumplir las obligaciones contraídas con la FEF (la deuda ascendía a 5 millones de dólares hasta el 14 de Marzo), y la Federación ha decidido no permitir el ingreso de cámaras ni equipo de transmisión a ningún estadio si no se cancela el valor pendiente.

Es más importante pensar en cuáles serán los resultados en el pueblo ecuatoriano (si es que pueblo todavía significa algo) una vez que fútbol se convierta en sinónimo de señal codificada, de poco accesible.

Así como las telenovelas, las series de narcos, la farándula y los programas concurso, el fútbol es una de las más grandes fuentes de entretenimiento y un estandarte de la industria del adormecimiento y distracción social; siendo así, cuáles serán los resultados de codificar el entretenimiento en el país que debería reconocerse como una de las capitales mundiales de la piratería.

Cuántas personas adquirirán un producto en el Ecuador donde pega más comprar la película de dólar cincuenta que la original, donde sacamos copias de un centavo por página a cualquier libro que pidan en la Universidad (incluida la página que pide no fotocopiar la obra), donde un ínfimo porcentaje de la población cancela las licencias de sus programas de computadora, la cultura y el arte deben ser gratis porque de lo contrario no atraen a la masa, donde casi todo se puede descargar gratis de internet.

Y no, no pretendo atentar contra la democratización del conocimiento y del acceso al arte y cultura, pero sí se genera una duda enorme sobre las reales expectativas de quienes piensan que centenares o miles de personas acudirán a sus instalaciones, marcarán sus teléfonos o llenarán formularios solicitando un servicio de calidad incierta. “Sólo pongo el fútbol en la casa para que haga bulla, qué voy a estar pagando” comentó un taxista, que afirmó ser hincha fiel de un equipo del país, cuando conversábamos sobre las novedades de las transmisiones televisivas.

Lo cierto es que la deuda existe y la plata no; tal vez esta sea una muestra más de la cercana obsolescencia de los canales de televisión, tal vez los fines de semana encontremos algo más trascendental que el entretenimiento futbolístico y algún resultado positivo surja de suprimir las dosis de opio hacia el pueblo, algún síndrome de abstinencia que nos despierte y lleve a aportar en política, comunidad y economía con más fuerza y frecuencia que con estados polémicos en redes sociales cada ciertos amaneceres.

¿Saben ustedes lo que viene? ¿No saben? Yo sí sé, ya no habrá más Vito Muñoz, Carlos Víctor Morales ni Roberto Bonafont narrando o comentando nuestro fútbol en la tele, y eso de algún modo, se relaciona con los Isaías.