No te conozco, pero quiero.

Wolf y Sara, en su sesión fotográfica pre-boda.

He escuchado tanto de ti, que he intentado interpretar por medio de la imaginación como sería verte cara a cara; ya que por boca de muchos me he sentido obligado y he tenido interrogantes punzantes, reales e impregnantes imágenes en mi mente, sobre ese momento.

Interrumpes mi sueño de manera intermitente, esclavizándome a un andar somnoliento de manera constante, forzando al mundo a impresionarme con mil preguntas acerca de ti.

Desde el primer momento, me rehusé a tan siquiera pensar perder mi tiempo pensándote, pero no ha sido posible ese intento de librarme.

Entre voces, entre rostros y también en el ambiente, has estado siempre. Conociendo cada espacio de mi espacio, para así poder hacerte parte y quedarte, en mis deseos permanentes.

¿Por qué aún no te conozco? 
Preguntó él.

Por momentos, en historias, siento que te he visto, en algún lugar y en ocasión, pero sé que aún no te conozco.

La gente afirma que ya te conocí e incluso te comprendí, pero ha sido cierto ahora que, ninguno estuvo en lo cierto sobre ti.

He divagado en un mar de mil características sobre los rumores de tu rostro… que te pareces a esa que ríe bonito de la esquina y también a su hermana o prima, pero siendo justos solo describen a alguien que no han visto, pero que algún día esperan.

Dicen que no eres como las demás, que eres única en tu especie y que todos han nacido quizá de tu mirada y relación.

¿Será que alguien te ha conocido? 
 — Siguió preguntando

Mi pensamiento y mis interrogantes solo terminarán el día en que yo te vea venir, porque sufrir por tu lugar debería ya, tener un fin.

Solo queda escuchar y hablar de ti, pensar e imaginarte, pero decidí que hasta por los momentos, eres nada más y nada menos que una prueba irreconocible de quién eres.

Carta abierta para ti, amor.

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