Sí, inmigrante centroamericano

Juan Ma
Juan Ma
Jan 19, 2016 · 3 min read

Escribí en Google las palabras: “inmigrante centroamericano”, y ya me esperaba los resultados.

“VIDEO: trato espantoso a inmigrante centroamericano” “…Reynosa: El purgatorio del inmigrante centroamericano”; “…A la caza de inmigrantes centroamericanos”.

Porque en estos tiempos de Donald Trump, de trenes bestiales, de niños cruzando fronteras y de aviones abarrotados de deportados, ser inmigrante centroamericano pareciera ser sinónimo, para algunos, de una especie de “experimento mal hecho”.

Yo soy un costarricense que llegó a Guatemala hace dos años buscando un sueño (no americano, sino centroamericano) y fuera de mi país, he aprendido tres lecciones:

1. Quienes emigran, huyen de un desierto social

Lo leí durante años en mi labor de periodista económico, pero hoy lo veo de cerca. Lo vivo. Guatemala es una tierra grande y rica en recursos. Pero sus tremendas dimensiones la hacen un país difícil de controlar y de administrar.

Muchos se quedarían si tuvieran razones. El 2016 nos recibió con la noticia de que ya somos 17 millones de habitantes (2 veces la población de Israel o de Suiza). La ruralidad de algunas poblaciones es alta. Gente sin acceso a servicios básicos, con índices de pobreza de más del 90% en algunos municipios de Huehuetenango o el Quiché. Entonces, si hay un pueblo olvidado, sin presencia estatal, ¿cómo no van a buscar salir de allí? Huir de la miseria al país del norte donde dicen que a muchos les ha ido bien, suena tentador. Pero en estos días, esa opción ha perdido “competitividad” por obvias razones.

2. El inmigrante es una bomba de creatividad

El artículo en The Wall Street Journal titulado: The Secret of Inmigrant Genius, –parafraseando– describe que el hambre de progreso que traen los inmigrantes y la adversidad que les tocó enfrentar, los obliga a llevar el pensamiento creativo hasta lo sumo, por encima de la media.

El inmigrante es una bomba, pero no de terrorismo, sino de creatividad. Y debe ser así, porque estamos lejos de nuestra tierra, y de nuestra seguridad. Muchos buscamos aportar y crecer, y si nos lo permiten en el camino, ayudar a construir la historia de un pueblo.

3. Guatemala también es tierra de sueños

Quienes me conocen saben que estoy loco por Guatemala. Desde el día que puse un pie en este país, comprendí que había algo para mí. Caminé la adoquinada Antigua, navegué por el volcánico Atitlán, me congelé feliz en Xela, enmudecí ante los templos mayas de Petén. Disfruto cada ingrediente de su gastronomía, de su acaudalada cultura y de la genuina amabilidad chapina.

No todo es paraíso, y mentiría si dijera que lo es. Pero esta es una tierra de sueños también. Un país que merece un mejor mercadeo, una mejor suerte y un mejor destino.

Este lugar me eligió por algo. Me dio mi proyecto más importante: mi esposa y mi hijo.

Que lo incluya Google entre sus resultados. Este es un texto eufórico hacia ese inmigrante que reta a un mundo que se ha vuelto “anti-inmigrantes”.

Esta tierra me convirtió en un feliz inmigrante: un inmigrante centroamericano.

Juan Manuel Fernández C. @juanma_cr

PD: Este texto no busca justificar a quienes no cumplen las leyes del país al que llegan, ni a retar la política migratoria de ningún gobierno. Es un simple ensayo anecdótico de alguien que aprendió a ver el tema con una óptica que nunca había tenido antes.

Juan Ma

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Juan Ma

Periodista tico viviendo en Guatemala. Mientras haya historias que contar, habrá periodismo. Storyteller en constante evolución. Netflixnomano.

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