Buscando a Elio, o mi opinión sobre la gestación subrogada

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Mi marido y yo hemos iniciado un proceso de gestación subrogada en Canadá para ser padres.

Aunque existen muchos artículos y webs de referencia que hablan acerca de la gestación subrogada, cuanto más avanzamos en el proceso más cuenta nos damos de que aunque la mayoría de la gente que nos rodea entiende las líneas generales de lo que estamos haciendo, hay mucha ignorancia sobre detalles que influyen en la opinión ética que cada cual pueda tener de la gestación subrogada.

Esto coincide además con unas semanas en las que, a raíz de unas declaraciones muy duras de la Ministra de Sanidad, en línea con lo ya apuntado por la Vicepresidenta, varios medios de comunicación españoles han tratado el asunto de forma mayoritariamente acusadora (aquí o aquí), y aunque existen asociaciones y grupos (éste o éste) que han tratado de responder esas críticas y defender la legitimidad moral de los niños nacidos con este sistema, en ocasiones siento que no se está reflejando de forma precisa mi opinión personal sobre este asunto.

Por todo ello, he decidido escribir este texto en el que explico nuestro proceso y punto de vista sobre la gestación subrogada, sin intención de asesorar ni adoctrinar, pero sí de ofrecer una visión del tema que pase tanto por el tamiz racional como emocional. Pretende ser sobre todo una forma de aclarar dudas e inquietudes de nuestras familias y amigos, pero también creo que hacerlo público es un modo generoso de contribuir a la normalización de la gestación subrogada y devolver parte de esa generosidad que estamos recibiendo.

Es obvio que tanto mi marido como yo estamos a favor de la gestación subrogada, pero no sólo porque convenga a nuestros intereses. Igualmente hemos hecho un proceso de reflexión, que incluye los aspectos éticos de la gestación por sustitución, y que concluye que ésta es la forma adecuada para ampliar nuestra familia.

Cuando comienzas a hablar con la gente más cercana acerca de este asunto, el primer cuestionamiento al que tienes que responder es el de porqué no adoptamos. Mucha gente desconoce que en la mayoría de países en los que hay niños realmente necesitados de adopción, como Rusia, no está permitida la adopción por parte de parejas homosexuales ni de hombres solteros. En España, afortunadamente, hay muchas menos demanda de padres adoptivos, como ya está pasando también en China, un país donde tradicionalmente había muchas adopciones. Se trata de una competencia transferida a las comunidades autónomas, y como ejemplo, el registro de solicitantes de adopción de la Comunidad de Madrid ha estado directamente cerrado ocho años, lo que demuestra la lentitud o práctica inexistencia de esta vía. Además, España prioriza los acogimientos, que para mi constituye otro tipo de relación no necesariamente equiparable a la de crear una familia.

Sin embargo, y más allá de las dificultades “prácticas” cabe la cuestión de porqué nuestra opción preferente debería ser la de la adopción y no otra. Si el argumento es el de primar el cuidado de niños que lo necesitan, ¿por qué no aplicamos ese mismo argumento a las parejas heterosexuales que conciben de forma tradicional?

Aunque la cuestión a menudo se plantea de forma bienintencionada, hay cierta forma de discriminación en dar por hecho que la adopción debería ser el método preferente de parejas como la nuestra que quieran ser padres.

No obstante, lo anterior se rebate a menudo con el argumento del derecho a la paternidad o la maternidad. Aquí es algo en lo que tampoco hay consenso. Yo mismo no estoy de acuerdo con mi pareja. Yo no creo que exista un derecho a ser padre, como sí existe un derecho a la educación, a la libertad de movimiento o a la expresión. Si convenimos que la paternidad es un derecho se harían necesarias medidas muy sustanciales en nuestra sociedad y modo de vida.

Para mi, la paternidad es más un deseo, muy consustancial a la naturaleza humana, pero un deseo. Ese deseo, de hecho, se usa a menudo con gran intensidad y vehemencia por algunos acérrimos defensores de la gestación subrogada, y creo que equivocadamente (sorry folks) porque efectivamente se combate con un argumento más que sencillo: no todo lo que deseamos puede o debe llevarse a cabo.

Pero que sea un deseo no lo convierte en un antojo. Ser padre mediante gestación subrogada no puede estar más en las antípodas de un capricho cosificador.

mi marido y yo, en Idaho

Formar una familia cuando eres una pareja homosexual y has tenido que superar situaciones que las parejas heterosexuales no han superado es simplemente más complicado. Enrolarse en un proceso de gestación subrogada es simplemente más complicado que la concepción tradicional.

No intento sugerir con ello una superioridad moral de parejas como la mía pero sí hacer énfasis en nuestro nivel de implicación, fruto de un necesario e intenso diálogo.

Cuando haces esto, te someten a más preguntas y más problemas y tienes que tomar más decisiones.

¿Cuántas parejas tienen que plantearse, discutir y poner por escrito qué harían si uno de los miembros de la pareja muere mientras intentan quedarse embarazados?

No todo tiene porqué establecerse en términos de derechos y deberes. El amor no es un derecho ni un deber, pero es uno de los grandes combustibles de nuestra especie. Y siempre que se produzca en condiciones de libertad y reciprocidad debe ser bienvenido.

Eso indudablemente lleva a los diferentes modelos de regulación de la gestación subrogada. Creo que los medios de comunicación no han sido lo suficientemente diversos y precisos a la hora de contar las diferentes regulaciones internacionales de la gestación subrogada, creo que hay diferencias éticas muy sustanciales entre unas formas y otras, y creo que los colectivos que recurrimos a la gestación subrogada no estamos haciendo el suficiente énfasis en esas diferencias.

No tiene nada que ver un proceso de gestación subrogada en la India, que por cierto cerró la práctica a parejas foráneas ante la sospecha de abusos, que en Estados Unidos, con un sistema muy controlado. E incluso no es igual la situación en Estados Unidos, donde la gestante recibe una remuneración, que en Canadá, donde se practica una gestación subrogada altruista desde hace más de 30 años.

Hagamos algunas aclaraciones respecto al proceso.


Cómo es tener un hijo mediante gestación subrogada

La gestación subrogada o gestación por sustitución es una práctica, catalogada como técnica de reproducción asistida por la OMS, mediante la cual una mujer gestante queda embarazada mediante técnicas de fecundación in vitro de un embrión con el que no comparte carga genética alguna. Esto es muy importante y hemos visto que es el primer punto que mucha gente de nuestro entorno desconoce o le pasa desapercibido. El óvulo que se fecunda no es de la mujer que queda embarazada. Puede ser de otra mujer, la madre de intención según la terminología que se suele utilizar, o de una donante de óvulos. Y ocurre lo mismo con el esperma. En nuestro caso, y el caso típico en las parejas homosexuales, el embrión se forma con un óvulo de una donante y el esperma de uno de nosotros.

Es común referirse a la gestante como un vientre de alquiler, pero este término es inadecuado y resulta ofensivo. Es una terminología mercantilista y supone negar una evidencia, no es sólo un útero sino todo un cuerpo el que se ve afectado por el embarazo. Es absurdo también tratar de negar la afectación mutua entre la mujer embarazada y el feto, otro argumento que suele usarse en contra de la gestación subrogada, pero en mi opinión eso no implica que la práctica sea inmoral o deba prohibirse, siempre y cuando, una vez más, medie una regulación adecuada y garantista y en el que la mujer gestante decida involucrarse en el proceso de forma completamente libre.

Esto ocurre en varios países, entre ellos Canadá, donde además la gestación se produce de forma altruista. Esto quiere decir que la mujer gestante no recibe un pago económico alguno. Su participación en el proceso es fruto de la generosidad más absoluta. ¿Por qué lo hacen? Depende de motivaciones muy personales y cada gestante tendrá su propia historia. Hemos oído hablar de mujeres que lo hacen porque tuvieron casos muy cercanos de infertilidad y sienten que deben ayudar a otros a ser padres porque han visto de cerca el dolor de no poder serlo, gestantes que trabajan en profesiones sociales muy orientadas a ayudar a los demás y sienten ese impulso, algunas mujeres son esposas de militares y sienten un fuerte sentimiento de contribuir a la sociedad… hay todo tipo de casos.

Sea por el motivo que sea, en el caso de Canadá estas mujeres no cobran nada. Reciben una compensación económica, pero no una aportación monetaria en mano. Esto no es exactamente lo mismo. No se trata de mujeres que reciben un cheque para dar de comer a sus hijos, para pagar sus estudios o planear unas vacaciones especiales. El dinero que reciben debe estar justificado con recibos y relacionado con la gestación: desde servicios médicos a ropa de premamá. Si la gestante necesita una baja laboral durante el embarazo, su coste lo pagarán los padres de intención, no el estado canadiense, pero de nuevo eso no es lo mismo que recibir dinero en metálico. La motivación de la necesidad económica, que se vigila de cerca, no cabe en este modelo de regulación altruista, presente también en Reino Unido o Portugal y propuesto para España. No juzgo otros modelos en los que esto no se produce, como Ucrania, que ha recibido atención mediática en las últimas semanas, pero quiero dejar claro que se trata de un proceso con muchos matices.

Esos matices, que yo interpreto en positivo cuando digo que una regulación precisa y adecuada es motivo suficiente para abordar la gestación subrogada sin inquietudes éticas, se utiliza en negativo por otros, cuando se establece que ante posibles riesgos del procedimiento, es preferible abolirlo. En mi opinión este es el argumento que subyace al informe del Comité de Bioética de España que propuso la prohibición internacional de la gestación subrogada hace unos meses. Es un informe completo y profundo que no me voy a atrever yo a rebatir, pero sí creo que su lectura siempre acaba en consideraciones de ética personal.

El riesgo de que la gestación subrogada genere una percepción mercantilista de la vida humana, y cosifique a los recién nacidos, me parece un argumento racional, pero no lo comparto absoluto. La idea de que la sociedad en su conjunto no ha hecho una reflexión suficiente sobre los efectos de extraer la capacidad reproductiva del encuentro sexual entre un hombre y una mujer, me parece interesante, pero no suficiente para prohibir la gestación subrogada o incluso la fecundación in vitro. Ocurren cosas parecidas con otros argumentos. Y nadie plantea prohibir las relaciones sexuales ante el riesgo de abusos, o la donación de órganos ante el riesgo de tráfico.

Como resultado, creo que lo verdaderamente importante es adoptar una actitud personal de absoluta responsabilidad y respeto a la figura de una mujer, y actuar con la misma generosidad y bondad de espíritu que ella toma en el momento en el que acepta ser la gestante de tu futuro hijo.

En el proceso en el que nosotros estamos involucrados, estamos recibiendo continuamente información y estímulos, incluyendo consultas psicológicas obligatorias, centrados en ser respetuosos, empáticos y responsables del bienestar y estado de ánimo de la futura gestante y por supuesto del interés primordial de su salud y su vida sobre la del feto en caso de que hubiese algún problema. Nos parece que no puede ser de otro modo.

Todos los padres de intención con los que hemos hablado nos cuentan que se establecen relaciones increíblemente cercanas, emocionales y especiales entre ellos y las gestantes, que suelen pasar a convertirse, si todas las partes quieren, en una especie de “tía de Canadá” con la que se produce contacto frecuente.

No nos imaginamos que pudiese ser de ninguna otra manera. Como en cualquier otra situación, seremos los padres de la criatura, así que aunque sea en la distancia y con los encuentros personales que el presupuesto permita, querremos participar de las vicisitudes del embarazo, las ecos, las pataditas y lo que surja. Por supuesto también del día del parto, en el que tendremos tanta participación como la gestante desee, lo que habitualmente implica que estaremos presentes y que en el momento del nacimiento podremos acoger y abrazar al recién nacido, comenzar a construir el vínculo mutuo entre los tres y a criarlo como lo que será: nuestro hijo.

Eso no implica alejarlo de la mujer que lo ha engendrado y cuidado durante nueve meses, y somos partidarios de que la gestante tenga un contacto cercano y fluido con el bebé los días posteriores al parto, si así lo desea, pero sí quiero puntualizar que eso no la convierte en una madre que entrega a su hijo. Nosotros somos una pareja gay, y nuestro bebé no tendrá madre, sino dos padres. Como decía antes, las palabras son importantes:

pensamos que los términos “padre” y “madre” definen fundamentalmente una relación activa de cuidado y protección, y no tanto una vinculación biológica o genética que en todo caso el bebé no tiene con la gestante.

Ese vínculo genético sí existe con la donante pero de nuevo nos sentimos incómodos con el concepto de “madre biológica” aunque sea frecuente en el caso de los niños adoptados, porque no existe relación alguna entre la donante y el bebé. No vamos a negar la obvia influencia de la carga genética y precisamente por ello hemos puesto interés y cuidado en escoger una donante con la que nos sentimos cómodos e identificados, una chica a la que no conocemos personalmente pero que calificamos de maravillosa con toda la información que tenemos de ella, pero que sigue sin ser “madre” de nuestro bebé.

En respuesta a otra inquietud frecuente, la donante de óvulos es anónima, o, mejor dicho, confidencial. En Estados Unidos ya existen servicios online (aquí y aquí) que analizan tu ADN con sólo una gota de saliva y te proporcionan amplia información sobre tus orígenes, así que es indudable que dentro de diez, quince o veinte años será muy sencillo para nuestro futuro hijo conocer sus orígenes genéticos si así lo desea. Sabemos que la donante está abierta a esa posibilidad y nosotros no vemos inconveniente en algo que por otro lado no podríamos evitar. Creemos que la naturalidad y la honestidad serán el mejor modo de criar a nuestro bebé desde pequeño.

La donante sí recibe una compensación económica por los óvulos que además viene justificada por las molestias ocasionadas por los tratamientos a los que debe someterse, pero de nuevo la generosidad es el motor de muchas de estas mujeres. Nuestra donante es lesbiana, y puesto que ella también necesitará una donación el día que quiere ser madre, siente que debe contribuir con lo que ella tiene a su alcance.

Gastos de este tipo son los que convierten la gestación subrogada en una inversión económicamente muy importante, especialmente en países como Estados Unidos o Canadá, pero creo que es malicioso afirmar que se producen como parte de un enriquecimiento a costa de la mujer. Un proceso de gestación subrogada es caro, pero porque intervienen numerosos procesos que uno debe pagar de su bolsillo, incluyendo los casi 40.000€ que cuesta una fecundación in vitro completamente privada en Estados Unidos, o gastos como un seguro médico privado para el bebé, unos 4.000€, por citar ejemplos. Todo ello se afronta no a costa de una mujer, sino en pago por unos servicios que en España, con un robusto sistema de sanidad pública, se dan por supuestos.

Sí, existen ciertos agentes en el proceso, las famosas agencias, como la que nosotros hemos contratado para que nos ayude en el proceso, pero es injusto calificarlas de intermediarios, porque su papel es realmente el de asesoría, no garantizan ni transfieren ningún servicio, como sí haría un intermediario, su contratación es una simple decisión personal y representan un porcentaje muy pequeño del proceso. Todo el proceso de gestación subrogada puede hacerse sin intervención de ninguna agencia.

Paisajes de Idaho, imagen de Kevin Fitzgerald en Unsplash

En nuestro caso, y gracias a su ayuda, hemos conseguido avanzar rápidamente. Hemos estado ya en Idaho, un lugar bonito y apacible muy en el interior de Estados Unidos donde nos hemos encontrado con una gran amabilidad, simpatía y comprensión por parte de la clínica de reproducción asistida, tanto hacia nosotros, los padres de intención, como hacia la donante de óvulos y la futura gestante, que buscaremos cuando tengamos embriones fecundados.

Soy respetuoso con todo tipo de posturas pero no puedo comprender la falta de visibilidad que están teniendo historias como la nuestra en los medios, y la desafección y agresividad con la que se trata a los padres, madres, gestantes y niños nacidos tras procesos de gestación subrogada.

Percibo opiniones desinformadas o que no tratan de conocer la dimensión personal de este tipo de familias, y percibo desacuerdo en algo en lo que creo: lo que se hace bien, está bien.

Juan Manuel Ramírez

Written by

Head of Planning, McCann Madrid

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