¿Es el anticapitalismo “de salón” el cómplice ideal para perpetuar la hegemonía neoliberal?

El presente post surge como ampliación de una respuesta a artículos donde se estudia la hegemonía neoliberal y que en mi opinión se hace con cierta falta de autocrítica en como se le facilita el camino con ciertas actitudes de la izquierda.

El neoliberalismo se convierte en hegemónico porque su oposición es un modelo de socialismo real que se ha probado que funciona unas décadas pero que a largo plazo empieza a decaer en productividad imposibilitando el mantener los niveles de vida conseguidos. Somos ya conscientes de los límites del socialismo real pero no somos conscientes todavía de los efectos a largo plazo del capitalismo meramente financiero-especulativo. El hecho de vivir en una sociedad donde se solapan un menguante viejo capitalismo basado en la producción de bienes y servicios generando empleo con un pujante capitalismo meramente especulativo (sin valor social) colateral hace que no seamos plenamente conscientes del riesgo que corremos.

Es complicado luchar contra el recuerdo de la gente, sobre el poso de su existencia vital, peor aún es tratar de enmendar la trayectoria vital de las personas cuestionando duramente aquello que consideraron útil. La mayor parte de la ciudadanía mayor de edad de este país ha vivido una sociedad en la que subía el nivel de vida con los años. España experimentó un desarrollismo que permitió la creación de un tejido industrial, de servicios, y de turismo, incluso con nula libertad sindical se mejoraron las condiciones laborales y nivel de vida alcanzable. Gente de origen humilde sin apenas formación levantó fábricas al tener un sistema financiero (las viejas cajas muy ligadas al territorio) que usaban el dinero para financiar economía real. Muchas de las grandes empresas de sectores clave eran estatales, y el multiplicador entre salarios directivos y la media de las plantillas era impensable que fuese mayor de diez cuando hoy en día vemos multiplicadores de cientos. Para muchas personas, incluso con las luchas sindicales una vez recuperadas las libertades, las huelgas y la constante tensión capital-trabajo el sistema les servía, les era útil.

El desmoronamiento económico de los países del bloque socialista, la caída del muro por su simbolismo, y una combinación de líderes que creían en un capitalismo no social, Reagan, Thatcher y por qué no decirlo Juan Pablo II, impulsaron un capitalismo sin normas, un capitalismo del todo vale. Se popularizó un capitalismo de cero esfuerzo y riesgo con privatizaciones-regalo y la permisividad para la creación de instrumentos financieros no para engrasar la economía real sino para usar los bienes de la economía real como activos subyacentes de derivados financieros especulativos. Hoy, el capitalismo neoliberal se come al capitalismo clásico, ese al que a una mayoría parecía servirle aunque ideológicamente lo denostase, y el que pudo evolucionar de una forma más conveniente e igualitaria a la par que las oportunidades educativas generaban una mejora de equidad de oportunidades a futuro.

¿Estamos a tiempo para parar la hegemonía del discurso neoliberal? Sí ¿Es posible parar dicha hegemonía con un discurso basado en el hartazgo y el descontento? No. Se requiere proponer una alternativa que merezca una oportunidad, que no haya pruebas de su agotamiento, no vale pues invocar como antagonista al socialismo real o comunismo. Dicho modelo incurrió también en una evidente y visible desigualdad al tener como propia burguesía a los allegados de sus respectivas nomenclaturas. Cuando los virus mutan las viejas medicinas no sirven. Nadie dice que sea fácil encontrar esos nuevos fármacos que combatan eficazmente ese virus mutado pero es obligado investigar y experimentar hasta dar con ellos. A menudo nos encontramos como antagonista de la hegemonía neoliberal un cierto anticapitalismo “de salón”, que como la propia Academia de la Lengua indica significa “puramente teórico, o que no entraña esfuerzo ni riesgo”. Obviamente este tipo de antagonista no lo es tal en realidad, es un refuerzo por descarte de aquello a lo que trata de oponerse.

Cabe pues buecar una alternativa como antagonista “practicable” a la hegemonía neoliberal, y eso requiere una cierta reflexión sobre el capitalismo y su evolución. Esta reflexión no debe ceñirse al terreno de lo teórico sino a la percepción que de dicha evolución tenga la sociedad, una mayoría social. Igual una posibilidad sería recuperar a nivel discursivo una versión más social del capitalismo que tuvo en España entre los años 60 y mitad de los años 90. Esta debería pasar por limitar el dinero “fácil” vía concesiones políticas, vía varios niveles de subcontratación generando plusvalías superfluas, limitar el autopoder retributivo de los directivos de las grandes empresas y dando poder real al accionariado y las plantillas, todo ello como mecanismo para revertir en parte efectos adversos ya generados por el capitalismo neoliberal. Obviamente a elementos que permitieron cierta cohesión sería necesario añadir ingredientes necesarios en estos nuevos tiempos y solventar aquello donde el modelo fallaba: desigualdad de género, progresiva acomodación de los sindicatos buscando soluciones que implican las dobles escalas que condenan a los jóvenes a la precariedad, etc.

Esto siendo importante no sería lo más importante. Una sociedad con niveles de igualdad aceptables requerirán de un cambio de mentalidad, no todo se puede cambiar con normas, es imprescindible que asumamos que nadie tenga que ser capitalista-empleador o proletario-empleado como una condición sine die. Una sociedad más mezclada, en la que más personas hayan estado en los dos lados, va a ser una sociedad que gestione mejor las relaciones laborales, que genere condiciones justas. Es más fácil acordar cuando a ambos lados de la mesa todos puedan ponerse en los zapatos del otro, porque en esa otra parte ya han estado alguna vez. Necesitamos un modelo de sociedad que no tenga como única esperanza para el empleo que se instale una multinacional y ponga una gran fábrica que de trabajo directa o indirectamente a toda una ciudad, necesitamos que la gente cree empleo para la gente ( más sobre este punto en https://medium.com/p/cuestiones-socioeconomicas-y-culturales-a-considerar-para-crear-un-nuevo-modelo-laboral-y-aa52f577c6c3 ).

El hándicap puede ser semántico, ¿puede una evolución más social del capitalismo dejar de ser llamada capitalismo?, en caso de no dejar de llamarse capitalismo ¿es posible que la resistencia a la misma por “capitalista” justo ayude a que la opción de capitalismo neoliberal refuerce su hegemonía?

La pelea dialéctica contra el neoliberalismo pasa por evolucionar desde el anticapitalismo al “anti-ese-capitalismo” en primer lugar, y pasar del “anti” a una idea propositiva que sea percibida como realizable en segundo lugar.

¿Sería posible que al igual de Podemos propone una centralidad al margen de los conceptos izquierda y derecha política seamos capaces con un enfoque similar buscar una centralidad económica al margen de conceptos clásicos de capitalismo y socialismo?

@juanmateu