Mojanda, Pichincha

El algoritmo de la ignorancia

Un futuro monocromático para el pensamiento.

En matemáticas, lógica, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo es un conjunto de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas, que permite realizar una actividad mediante pasos sucesivos y que no genera dudas a quien deba realizar dicha actividad.
Dados un estado inicial y una entrada –siguiendo los pasos uno a uno– se llega a un estado final y se obtiene una solución.

Dicen que la vida es la suma de todas las experiencias –positivas y/o negativas. Cada una de ellas, por más pequeñas o grandes que sean, tienen y tuvieron la suficiente importancia para hacer de nosotros lo que somos hoy, en este preciso instante.

Cuando miramos a nuestro alrededor, en especial al grupo más íntimo de amigos, podemos notar la diversidad de pensamientos, ideologías y creencias que poseen cada una de las personas que lo conforman.

A parte de los valores, yo creo que son esas diferencias las que nos acercan. Son esas diferencias las que hacen interesantes las sobremesas, las tardes de risas y conversaciones, y aquellas reuniones con discusiones inolvidables. Nuestras propias parejas suelen ser el polo opuesto a nosotros.

“Los polos opuestos se atraen…”

Ahora imaginemos un mundo donde todos hablamos y pensamos lo mismo; sea de política, religión, deportes, cualquier cosa. Un mundo en el cuál nunca estaremos equivocados y, si lo estamos, nunca lo sabremos. Un mundo monótono y monocromático, donde las relaciones se crean bajo los mismos estándares, los mismos gustos, las mismas creencias. Lastimosamente, estamos tomando ese camino. El camino del adoctrinamiento filosófico, político, económico y — el más triste de todos– mental.

Vivimos en una época iluminada por la existencia de internet, una fuente de conocimiento sin límites –tan grande– que la gran biblioteca de Alejandría se vería reducida a un pequeño cuarto; si este fuera físico.
La capacidad de compartir información e ideas solo está limitada por nosotros. Esos límites físicos y tecnológicos que el tiempo se encargará de borrar.

Sin embargo, desde hace años, los gigantes de internet (Google, Facebook, Twitter, Amazon, etc…) se empeñan en generar contenido especializado para cada uno de nosotros. Contenido “confeccionado” para nuestros gustos y nuestra forma de pensar.

No lo entiendan mal, a ellos no les importa en realidad lo que vemos y hacemos, pero tienen que hacer dinero de algún modo y para eso está la bendita publicidad. Aquella publicidad que se mete donde no la llaman, aquella publicidad que tiene sed de saber todo lo que haces, donde lo haces y cuando lo haces, y que no tiene reparo en desperdiciar millones, billones y trillones de dólares al año para averiguarlo.

Aquella publicidad que, en su tiempo, destruyó la idea de la radio, la televisión y que ahora viene por nosotros en internet.

Aprovechando la tecnología, la maquina publicitaria tiene robots que analizan cada acción que realizamos en internet, cada click, cada link, cada foto… inclusive aquellos textos que escribimos y nunca enviamos. Todo es registrado y analizado a detalle, con la sola intención de predecir lo que vas a querer o necesitar en un futuro.

Si esta función tecnológica se limitase a publicidad, no habría ningún problema. La falla está, cuando, como una vulgar enfermedad, estos mecanismos se contagian a todo el contenido disponible en la red.

Es triste ver como, desde hace algunos años, las noticias y artículos que se ven en Facebook o Google, casi todo, están ligeramente curado para nuestros ojos –finamente tuneado. Como si tuviésemos un editor personal 24 horas al día, los 7 días de la semana; que poco a poco nos acomoda –exactamente– lo que queremos ver.

¿Qué va a pasar cuando cada uno tenga un contenido propio en internet? Un contenido tan preciso que no podrá ser compartido con ninguna de las personas que te rodean, ya que ellos, definidos por sus clicks, likes y shares, serán receptores de otro tipo de noticias, de contenidos, de intereses.
¿Qué va a pasar con la idea de compartir las experiencias? ¿Dónde quedarán las discusiones?


Estos algoritmos me recuerdan a los “blinders” o anteojeras que se colocan en los ojos de los caballos de carreras. Estos dispositivos sirven para que el caballo solo pueda ver hacia adelante, sin preocuparse por lo que pasa a su alrededor (para que no se asusten).

Por favor, cuestionen todo, hasta lo que ven. No nos aferremos a noticias que se ajustan demasiado a nuestro pensamiento –aunque sea muy difícil. Todos caemos en el juego de la confusión y tendemos a aceptar fácilmente aquello que nos conviene. Sin embargo, no solo porque nos conviene, es verdad.

“Si todos están pensando igual, es porque alguien no está pensando.”

🤞

– Juanmnl