Instant crush
Llegué como siempre a cualquier club nocturno random. Estaba por ingresar con la misma incertidumbre que nos resguarda ir a un lugar nuevo.

La puerta no me decía nada, toda la sabiduría del lugar se reservaba para los afortunados que, como yo terminarían adentro. Dar mi primer paso en Tamarisco fue un viaje de ida, toda la energía se volvió a favor mío. Se sentía como si el viento corriera en un lugar que se presentaba oscuro,cerrado y misterioso pero no dejaba de ser ameno para con sus clientes/amigos. Cuando quise acordarme cada carta estaba jugada. La conocí casi por accidente, por que sí o ¿Por que no?.
Mi outfit ese día era inusual. Agarré una gorra Hollister de Baseball a modo complemento en casa y; ya en el más sucio, oscuro y frío rincón del bar le pregunté casualmente que opinaba de mi gorrita que, en ese momento parecía la de Hey Arnold bailando sobre mi cabeza y a la que todos acusaban que era de pintor -paraguaio- (los matices y las apreciaciones de las personas son tan diversas y deferidas que nunca termina de convencer ni acercarse a la realidad).
Solo terminar de preguntar alcanzó para que me regale una de sus mejores sonrisas quedando esta guardada en mi retina por al menos un buen rato. Cuando me dijo que le gustaba, todo parecía más fácil y genuino que nunca. Todas las preguntas que tenía para ella se transfirieron y terminaron siendo preguntas para mí; ¿Estaba teniendo un crush en menos de 10 segundos? ¿Me enamoré en el lugar más recóndito e impensado de la ciudad? ¿El destino dio un giro inesperado?. Todo estaba por ser jugado y verse. Volví a hacer contacto con la realidad solo para darme cuenta que ella seguía ahí, mirándome inmutada y manteniendo una sonrisa algo más sosegada. Su cuerpo entero parecía estar acercándose a mí casi como por Telekinesis. Todo era vibración. Le pregunte su nombre manteniendo la misma curiosidad que un nene cuando está por aprender algo nuevo, con el mismo entusiasmo de alguien que camina seguro. Esa sensación de que todo era original y que funcionó por el simple factor de la química humana que, en este caso fue suficiente para atraernos.
Me respondió “Valentina” y la charla parecía no querer ceder nunca pero nuestra ubicación poco fortuita en el momento de nuestra interacción no nos fue del todo conveniente. En el momento en el que todo fluía, la gente empezó a avanzarse, sin darse cuenta estábamos teniendo un encuentro que interrumpía el paso a los 2 baños; una situación tan ridícula y perfecta como 2 autos yendo marcha atrás en la general paz, a deshora del mundo y en sentido horario para con nosotros. Me distraje un segundo y no la vi más. Tenía cierta tranquilidad interna pensando que ella iba a hacer una intervención rápida al baño.
Quedé esperándola con mucho disimulo, todo parecía iba a darse como parte de una escena armoniosa y perfecta por lo que por más infantil que pareciera el plan era simple; esperar a que saliera y retomar nuestra relación (ahre). Nunca más pude divisarla, en parte por mi torpeza o por mi ebriedad, jamás advertí que salió del baño, y para el momento que quise acordarme yo estaba tirando el paso del cangrejo en d̶i̶s̶t̶i̶n̶t̶o̶s̶ ̶e̶s̶p̶a̶c̶i̶o̶s (¿Arriba de una mesa? Nunca se va a saber) que se convirtieron en un escenario épico y lleno de agasajos para mí. Todo el club nocturno estaba a mi disposición y sentía que bailaba para mí. Lejos de ser un marco melancólico, en mi interior confiaba en la sabiduría de cada Champeta que estaba ahí dándome aliento y una columna para apoyarme en cada momento que me vi a punto de caer.
La champeta me decía que iba a volver a verla. Todo se convirtió en un juego de creencias.
La cantidad de champetas a favor nuestro era un número aleatorio desconocido hasta el momento, podían ser tanto 4 como 3.942, nadie tuvo tiempo para contarlas.

Olvidé de la vida los valores y la moralidad para dedicarme a hacer lo que más quería, vivir cada momento, enfocado en el mismo y sin preocuparme por lo que estaba afuera de esas 4 paredes. El mundo se redujo a luces, patovicas, champetas, mujeres y amigos. ¿Me convertí en un hombre de placeres simples? Quizá. No insistí buscándola puesto que; como ya aprendimos en otras lecciones la mejor manera de insistir es no insistir. Tenía la seguridad de que en algún momento de la noche (o de la vida) íbamos a volver a cruzarnos y todo el destello de sus ojos se iba a acomodar en los míos formando un contraste que iba a llenar todo de magia. La noche iba a acompañarme.
Tal vez no me arrepienta de nada pero no volvimos a cruzarnos, fue un capricho de la vida o X, nuestros cuerpos se alejaron de manera paralela a destinos que no coincidieron.
Probabilísticamente aventajado, en un espacio de menos de 200m 2 y con menos de 250 personas, volví a comprobar que las matemáticas no sirven a grandes rasgos.
El resto de la noche, tan mágica e intensa siguió regalándome lo mejor que podía haber pero no fue capaz de sacar una incógnita de mi cabeza. Valentina, Julio de 2017.
Dedicado a Valentina (ahre).
