Los ojos de Antonio Conte

Juan Ignacio
Aug 28, 2017 · 11 min read

La primera vez que vi a Antonio Conte dirigir un partido sentí que el fútbol estaba en manos de un erudito. Tenía 15 años cuando vi a Antonio Conte dirigir por primera vez y todo fue magia, la pantalla de mi TV se trastornó y empezó a mostrarme algo totalmente inédito, todo era delirio. Llegó a un equipo desorientado que no apostaba a nada, entro por una puerta -demasiado- chica y en silencio. Serio, bronceado, inexperto y callado. Así se presentaba este hombre, desconocido para cualquier humano no residente de Italia en ese momento.

Todo eran expectativas y las cartas estaban por ser jugadas. No se sabía nada, el recambio era inevitable y la plantilla había dado un giro de °180. Cuando el mundo se enteró que Andrea Pirlo iba a jugar en la Juventus gratis, ahí se empezó a hablar de Conte como un transformador.


Después de años de fichajes falopa, corrupción, contratos con plata lavada, déficit económico y competencias penosas, este hombre arribó y por más drástico que pareciera supo como había que mover el avispero.

Personalmente y, siempre, desde que tengo memoria sentí admiración por la gente trasgresora y controversial. Los líderes que no siguen caminos convencionales si no que crean sus propios senderos sin reparar demasiado en alrededores. Esto, para nada significa que no se siga un plan, si no que todo lo contrario. El leitmotiv de Conte era romper todas las reglas. Sacar a un equipo del loop de la mediocridad en el que estaba metido aunque para eso haya que atravesar cualquier barrera de lo convencional.


Conte

Solo 1 día bastó para que llegue al entrenamiento, se presente por la mañana y, esa misma tarde decidiera hacer un cambio desde la matriz en la plantilla. Los jugadores que podían haber sido figuras en su momento iban a ser relevados casi sin consuelo. Nadie decía nada, todos estaban inmutados, no entendían que estaba pasando ni por qué. Todo se lo reservaba el Mister aunque se empezaba a especular de que no estaba en su sano juicio.

Cuando fueron pasando los días, Antonio fue dejo ver su poca estabilidad mental con decisiones que iban más allá de su rol. Comenzó a deliberar junto a la comisión directiva y a pedir por que estén fuera del Equipo -con nombre y apellido- cada persona que consideraba eran contraproducentes para el equipo. Desde utileros hasta jugadores de reserva, juveniles, titulares, estrellas y empleados. Nadie se salvaba. No existía la meritocracia. Conte tenía la mirada en cada parámetro, cada porción de la torta parecía tener que fundirse de manera perfecta para el. Obsesivo con tener todo bajo control.

Una mañana en Vinovo, se presentó todo el equipo a entrenar. La temporada 2011/2012 empezaba en pocos días y Conte estaba ahí, con la cabeza en alto explicando el plan táctico. Se iba a jugar 4–2–4 en un principio; una formación totalmente atípica y ofensiva. Todos empezaron a entender su rol en el campo, aunque con dudas.

En un momento dado, Reto Ziegler, un lateral Suizo recién llegado al club se acerco al Mister y con cierto disimulo le pide de hablar en privado. Reto le asegura a Conte que, textualmente “con ese esquema no le vamos a ganar a nadie”. El mister se queda en silencio, tenía la mirada perdida en reto Ziegler, casi de manera intimidante. El silencio era inminente. Al cabo de 1 minuto le exclama “Muy bien Reto, el entrenamiento terminó, andate a casa”. El resultado no lo cuento yo, lo cuenta la historia. La Juventus de Conté lograría salir campeón de la Serie A con un invicto de 49 fechas seguidas esa temporada. Nunca se volvió a escuchar el nombre de Reto Ziegler relacionarse con la Juventus. Al otro día de su discusión con el lateral Suizo, Conte lo envió a préstamo a un equipo de la Serie B. La comparación y el tiempo cuadró toda la lógica en el conocimiento del Mister. Todo, en silencio, todo era estrategia y futuro.


Conte era ultra ofensivo, pasional y basaba su juego en ‘El arte de la guerra de Sun Tzu’. La mirada siempre en el horizonte y desafiante. Nunca lo ví bajar la cabeza, jamás. Su seguridad era tan alta que intimidaba a cualquier equipo.

Conte me fascinaba, tenía todos los parámetros que buscaba personalmente en un líder y que tanto costaba encontrar en una disciplina tan rotativa e industrial como el fútbol.

Empecé a enamorarme de lo que había formado, de la armonía que logró y del acierto en relación económico-deportivo-táctico. En algún momento la Juventus elevó tanto su juego que tuvo el mejor mediocampo del planeta, complementado y artístico. Era un show estético. Generába placer.

El mundo, empezó a admirarlo pero claro, seguía sin entenderlo. Gritos desaforados y cuasi psiquiatricos, patadas, gestos desorbitantes, pseudo violencia física con los más cercanos. Era un genio con una pasión inexplicable, no podía consigo mismo. Alguna vez ha contado G. Buffon que en el vestuario, siempre en el entretiempo si bien su equipo podía ir 4 a 0 arriba, cualquier mínimo error en el trascurso del juego lo hacía desencajar. Se hizo de público conocimiento que en cada entretiempo en el vestuario Conte rompía cosas, revoleaba botellas, gritaba y golpeaba paredes y lockers. Esa era la sinergía que ponía en marcha su excelencia. Ese híbrido entre inteligencia y locura. La disciplina al servicio del talento, la auto exigencia y el perfeccionismo.

Era distinto. Para cuando hubiese parecido oportuno que alguien le diga que tome el fútbol de otra forma, Conte ya era el mejor Entrenador de Europa por lejos y había vuelto a hacer un récord. 102 puntos en una temporada. Era exageradamente exitoso y no era discutible su habilidad.

Su forma de juego iba evolucionando al mismo ritmo que el y toda la plantilla. 4–2–4; 4–2–3–1; 3–5–2, siendo esta su última formula exitosa y dejando un legado en el fúbol italiano inquebrantable. La historia le dio la razón a Antonio.


Todos se contagiaban de esa locura. Todos contribuían y aplastaban al ritmo de una persona obsesiva que no permitía no esforzarse y no pelear dentro del campo, todos mis sentidos se prestaban a aprender y a sentir admiración.

El primer partido que dirigió en Serie A, se paró adelante de todos y les dijo: ‘Hoy nadie se va a ir a su casa hasta que terminen escupiendo sangre adentro del campo’. La Juventus ganó 4 a 1 y creó 34 situaciones de gol. El estadio estaba enloquecido. Pirlo, Clau Marchisio, Arturo Vidal habían revolucionado Turin. El acierto de este hombre estaba por sobre todo.

Otra vez, lo había demostrado en otra situación. Volvió a ser práctico y no retórico. Sus resultados hablaban por si solos. Este equipo no era para blandos.


Gaaaaaaal Don Niembro

“Si el jugador no da el 100%, prefiero matarlo y quedarme con 22 jugadores”.

“Considero la derrota un estado de muerte virtual”.

“Estamos algo subestimados y espero que una pequeña llama se convierta en un flameante infierno”.

“Quiero jugar con mis jugadores. Quiero que me sientan muy cerca”.

“Son una decepción, una derrota desde el momento que abrís la boca” ( A los jugadores de la Juventus por hablar del bonus económico por ganar la liga)

Andiamo a la re concha de tu madre

Los propios jugadores italianos le acuñaron el sobrenombre de “Padrino”. Andrea Pirlo escribió en su biografía: “Solo siento admiración por Conte, pero hay una bestia en él. En un descanso de un partido que íbamos ganando, lanzó histérico botellas de agua por un error que habíamos cometido”.

Y yo me encontré con sus ojos, los mismos que lloraron abajo de la lluvia cuando la Juventus fue campeón invicto. Los mismos que regalaban tranquilidad, que no sabian mentir y que decían ‘que venga el que sea’. Yo me encontré con los ojos de Antonio Conte llenos de pasión, encendidos y dispuestos a abrirle el alma a cada persona dispuesta a aprender de el. Una persona puede mentir con las palabras o con sus acciones pero nunca con sus ojos. Los ojos de Antonio Conte se convirtieron en un lugar y no en un sustantivo.


Tuve que verlo con mis propios ojos. En 2013 tomé la decisión, con mis 16 años de vender la única posesión material de valor que tenía. Mi PS3 para comprar 2 tickets e ir con mi viejo a ver eso que tanto me entusiasmaba.

Desde el día que compre las entradas no pude dormir. Estuve 5 meses desde que me levantaba hasta que me iba a dormir jugando con mi propia ansiedad. Sabía que iba a ir a Turin a ver una vuelta olímpica, un festejo de campeonato de la Juventus.

Era un espectáculo que no tenía el marketing ni la fachada de otros. No era masivo, ni mainstream. Era algo de culto, para todos los públicos pero para pocas personas.

Se hizo la fecha, llegué desde Roma a Turín a las 15:50 en un vuelo retrasado (el partido comenzaba 16:30). En mi vuelo parecía que estaba yendo a Soultrain en el 87. Todos los Italianos estaban furiosos insultando y haciendo quilombo con los representantes de AliTalia -la aerolínea responsable-. Todos volábamos solo para ver el partido. Todas las almas concentradas de blanco y negro pensábamos con el corazón en ese momento. Llegué a Turín apurado, con las piernas temblando y sin tiempo para nada. Estaba tan ansioso que ni si quiera pude prestarle atención a que estaba lleno de figuras de la selección italiana de los 90 en el mismo vuelo.

Llegué a ver los Alpes nevados, el sol de primavera que hizo un desfile de engaños toda la tarde y la arquitectura de la ciudad. A máxima velocidad física y mental fuí al Hotel solo para retirar mis tickets y dirigirme al Juventus Stadium. El contraste en el camino a la cancha fue hermoso. La ciudad más tranquila por la que transité en mi vida estaba viviendo un delirio de almas por un equipo de fútbol. Era binario. A todo o nada. Ese día era fiesta o era entierro y solo la Juventus de Conte iba a decidir eso.

Me aproximé al estadio y quisieron rechazar mi entrada por que no estaba a mi nombre. Sentía como se me despedazaba el corazón. Pudé insistir de la forma más extranjera e inocente que había. Pidiendo por favor en 3 o 4 idiomas, hasta tal vez inventé uno nuevo en el medio. Todo era válido en el momento.

La luz fue verde, caminé solo, con los ojos de quien se enamora. El partido estaba empezado y entré hablando con otros Italianos en un Español mezclado con Italiano que derivó a un Inglés muy rústico y torpe. Me separe de estos Italianos solo para dejar de hablar y empezar a escuchar, dejar de pensar para empezar a sentir. El alma se me abría en 2. El concierto de Antonio era una fiesta al ritmo de las curvas que no paraban de cantar. Nos mirabamos, sentíamos y en ese momento era un hincha más. La hinchada no me discriminaba. Yo era parte de ellos ese día. Se me caían las lagrimas mientras movía un trapo blanco y negro. Ver eso era comparable a ir al teatro pero en un estado de emoción constante. Recuerdo haber estado por lo menos 5 horas adentro de la cancha ese día, se hizo de noche y yo ni me enteré. El partido salió 1 a 1 y yo solo esperaba que ese día no termine nunca. La química de mi cerebro estaba totalmente afectada. Era una droga. 48 horas en Turín no alcanzaron ni de cerca pero yo, estaba seguro que iba a volver a encontrarme con esa experiencia. Me declaré la persona más felíz del mundo solo por ese día sin miedo a equivocarme. Paseé por todas las calles manchadas de pasión y ruido. Magía y alquimistas en Turín.

signora e signori benvenuti a casa

Conté hizo una revolución intelectual y disciplinaria en el fútbol. Nunca le alcanzaba. Se me llenaba de fuego hasta el rincón más apagado de la piel cuando veía lo que lograba la mente maestra que había atrás de todo un club.


Los grandes magos también tienen que cerrar sus últimas actuaciones, por más doloroso que sea.
Los aplausos terminaron,
el público abandonó…

En el año 2014, Marotta y Agnelli quienes estaban a cargo de los fichajes y el sector económico del club deciden vender a Arturo Vidal sin consultar previamente al míster. Tal como pasó en el efecto mariposa, un solo hecho puede desencadenar en lo más trágico e inesperado. Vidal fue vendido al Bayern Munich y Conte decidió dar un paso al costado. Otra vez, la prensa lo podía tildar de cualquier cosa, otra vez la gente podía no entenderlo y hasta cuestionarlo pero, objetivamente ¿Cuantos están realmente calificados para hablar de este hombre? Probablemente nadie. Conte dio un fin a una etapa gloriosa para el fútbol. A crear un equipo imparable y competitivo, a ser un transformador y sacar lo mejor de cada profesional mientras estuvo al lado de cada uno.

Otra vez, el fútbol volvía a darle la espalda a los valores…

¿Como justifica Conte su salida? Con otra frase abierta: ‘No podés ir a un Restaurante de 5 estrellas con 10 Euros’. Un palazo a los encargados del sector económico y financiero de la Juventus, que, parecián querer desarmar un proyecto ambicioso y visionario. Vidal fue vendido y Conte se fue, por ¿Impulsivo? quizá, pero el tiempo otra vez le dio la razón. Arturo en sus manos se convirtió en tal vez uno de los 3 mejores medio campistas mixtos del mundo (de los pocos que hay, también) y la Juventus nunca volvió a armar una línea en el medio tan elitista como esa.


Cada victoria ir corriendo a saludar a la hinchada junto al equipo. Gestos que priorizaban lo humano y lo genuino a lo comercial y fake. Eso era Conte.

Antonio volverá o no pero el tiempo ya le dió la razón. Juventus es su casa y su ambición tal vez lo lleve a volver para intentar alzar la Champions. Tal vez lo único pendiente que le quedó.

Conte siendo Conte

En sintesis, lejos de llevarme algo futbolístico, un ejemplo profesional, laboral, y potencial a nivel humano. Una historia de éxito de esas que te llegan a despertar emociones en el cuerpo. Un revolucionario, trasgresor y maestro en todo sentido. Adelantado a muchos. Filosofía oriental y trabajo como estandartes. Tuve la suerte de poder vivir su arte en vivo y en directo. Admiración, respeto, sueños y horas aprendiendo de el invertidas en contemplar su hazaña.

Dedicado a Antonio Conte.

)
Juan Ignacio

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I said the right things but act the wrong way. Relatos salvajes y material defectuoso.🌵

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