¿Cuándo la fotografía dejó de ser un recuerdo?

Antes las fotos eran del pasado, ahora son del presente.

No conocí a mi abuelo, más que por sus fotos. Y no me refiero a fotos en las que él está presente, sino las que él hizo. He visto cientos de fotos suyas, muchas muy buenas. Le encantaba la fotografía… y me lo heredó. Si soy buen o mal fotógrafo no es la discusión, lo único cierto es que sería mucho mejor si le dedicara tiempo, pero mi fotografía tiene mucha competencia (la familia, la moto, el trabajo, los amigos, la hueva…).

A lo que venimos… está de más discutir cómo ha evolucionado la fotografía, hablar del cuarto oscuro sería poco útil, pero sí hablar de cómo la tecnología (y no solo las cámaras, sino todo lo que nos rodea) la ha dado a este arte una naturaleza de inmediatez.

Ya no se trata de hacer buenas fotos (aunque muchas sí lo son) sino de compartirlas en el momento que ocurren. Si “subes” fotos de ayer, ya vas tarde. Tengo pendientes fotos de viajes de hace más de 6 años que no he siquiera visto, grandes recuerdos por descubrir (así prefiero verlo yo). Recientemente “compartí” (subí, publiqué, etc.) las fotografías de un viaje a Costa Rica, al que había ido con mi esposa un año antes, para recibir comentarios de “ya era hora”, “¿apenas?”, “¿volviste a ir a Costa Rica?”, etc.

Al parecer a las fotos en estos días les pasa lo contrario que a los vinos… el añejamiento las echa a perder, las fotos caducan…

La fotografía ya no es del pasado, sino del presente… y llega a ser la verdad incuestionada.

¿A qué me refiero? A las personas que han dejado de buscarme porque “ayer estabas en ________.” Desde amigos que no me han invitado a una fiesta hasta colaboradores que han rechazado reuniones con clientes porque yo estaba fuera de México... y la sorpresa de verme al día siguiente.

¿Por qué? Por que ayer vieron en mi Facebook/Instagram/Twitter que yo estaba en San Luis Potosí, Abu Dhabi, Tokio, Zambia, Galápagos… Ha llegado a tal grado la veracidad de las redes sociales, que algunas personas no cuestionan la logística de estar un día en las cascadas de la Huasteca Potosina y pocos días después en las dunas del Desierto Beduino, haciendo escala en los maravillosos mares de Galápagos.

Qué buena vida se dan, se la pasan viajando.

Y sin embargo yo me siento un godín más trabajando y ahorrando para poder viajar. Es cierto que estoy en una etapa de mi vida donde lo único que nos impide viajar es el dinero (o su naturaleza finita, mejor dicho, por que es también el dinero lo que nos permite viajar)… claro, y que para ganarlo hay que trabajar, o así me enseñaron. Soy afortunado de haber podido viajar tanto como he viajado y conocer lugares y gente tan diferente y a la vez tan igual por todo el mundo (ese es tema para otro post). Ya vendrán tiempos mejores (o dejémoslo en “otros tiempos”) en los que mis fotos dejen de ser de viajes y sean de niños… pero por lo pronto sería feliz si viajara tanto como “mis followers” creen que viajo.

Disclaimer: No es crítica, es tan solo una reflexión. Por favor sigan compartiendo su vida para que llenen de contenido mis tiempos muertos (también conocidos como… mis idas al baño).

¿Estoy mal yo? ¿Debo publicar todo lo que capturo para que me puedas seguir minuto a minuto? En mi caso, prefiero darle una pulida para que solo vean lo mejor… aunque eso me tome meses (¡urge jubilarme!).