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Empiezo una especie de diario de mi preparación para correr la media maratón. No se trata de una prueba para desarrollar una épica (o parodiarla, como hice cuando escribía la tesis) pero sí de una distancia suficiente para ponerme a entrenar más en serio, con un plan, plazos y objetivos, después de varios años de casi nula actividad física. Hay algo de esa preparación, del despliegue de una estrategia en el tiempo, de los cambios en el tiempo (y no sólo físicos), que me parece que puede servir para una crónica, no del mundo runner, que no me interesa tanto, sino del proceso y de la experiencia en sí de correr casi cotidianamente por un tiempo prolongado, con lo productivo que esto tiene. Hace casi dos meses que volví a correr regularmente, y en ese rato que paso corriendo me detengo sobre diversas cuestiones, a veces de manera casi obsesiva -mayormente en cosas banales-, como no lo hago en otros momentos del día. La idea es entonces registrar, lo más exhaustivamente posible, el avance del entrenamiento, y tratar de traducir ese rumiaje mental sobre cuestiones conexas. Anoto dos inquietudes. Una, y tal vez la más obvia, es el temor a que terminen compitiendo la escritura y el entrenamiento. Me costó ordenarme y encontrar el tiempo para el ejercicio en el día a día, y en principio no sé cómo voy a darme el espacio para escribir, también, regularmente. Creo que la clave va a ser dedicarle menos de media hora los días que no entrene, y que ese registro sea lo menos elaborado posible. La otra inquietud es la honestidad con la que voy a registrar los progresos del entrenamiento, dado que decido hacer público este registro: cuánto voy a revelar de cuánto entreno, y en qué tiempos. Muy probablemente corramos con varios amigos, y si bien es cierto que el objetivo es terminar la carrera en un tiempo razonable para mis posibilidades, mentiría si no reconociera que no quiero llegar atrás de uno o de otro. Podría registrar que entreno menos de lo que en realidad entreno, y anotar peores tiempos, para aprovechar en la carrera el efecto sorpresa: la figura del tapado, un poco el arquetipo del superhéroe. También podría mejorarme los tiempos en la escritura para desanimar a los rivales, o impulsarlos a una sobre exigencia que los lleve a una lesión. Pero voy a tratar de ser lo más honesto posible. Todo lo honesto que un cronista y corredor de medias distancias puede llegar a ser.

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