El movimiento que me devolvió la voz
#ParaguayNoSeCalla #UNANoSeCalla


El pasado 3 de septiembre presenté un ensayo frente a otros estudiantes de mi institución educativa en respuesta a uno de los libros que deliberadamente decidí volví a leer este verano. La novela relata la vida de una estudiante nigeriana que viaja al exterior en busca de una mejor educación, con mayores oportunidades y certezas. En el ensayo yo hacía una comparación de la experiencia de la personaje con la mía, de las vicisitudes, de los aprendizajes y de los éxitos que viví como un estudiante en el extranjero. Pero también describí un fenómeno al cual designé como “exilio académico”. Presenté el contexto previo al cual pertenecía, y describí aquellos motivos que me hicieron salir de Paraguay en el 2012 y perseguir una educación en el extranjero. Entre las muchas razones mencione el silencio.
Cuando redacte y presente aquel ensayo, todavía no se habían iniciado las investigaciones periodísticas que exponían a la corrupción dentro de la Universidad Nacional de Asunción. Todavía no había ocurrido la marcha de colegios públicos y privados. Todavía no era testigo de las voces de la multitud de estudiantes. Redacté lo siguiente:
“Todavía recuerdo el día que salí de casa, el 20 de Agosto del 2012 […] Salí de casa enojado con el gobierno Paraguayo que no prepara a sus estudiantes para que tengan un exitoso desarrollo durante la carrera universitaria.
Estaba enojado con un sistema educativo que no está orientado a los estudiantes pero a las figuras autoritarias de ciertos profesores y empleados de las universidades.
Estaba enojado por el hecho que estudiantes terminen sus estudios de licenciatura en 8 años por la burocracia dentro de las universidades públicas. Salí de casa indignado con la corrupción de ciertas entidades gubernamentales […].
Salí de casa deseando que los sectores públicos y privados fueran más participes en crear oportunidades para los estudiantes — programas que incluyeran prestamos con bajos intereses, presupuestos para investigaciones y becas — que ayudarían a que estudiantes tengan éxito tanto dentro del país como en el exterior.”
Salí de Paraguay creyendo que no había un espacio para mí en una sociedad donde el estatus económico, los apellidos y una red de influencia son los factores que determinan el futuro de un individuo. Crecí siendo consciente de esta realidad y eso me motivo a salir de Paraguay. Al igual que la descripción hecha por Adichie sobre Obinze, yo fui ‘condicionado desde mi nacimiento a mirar hacia otro lugar’ (341).
El 20 de Agosto del 2012, me despedí de mis familiares y amigos. Buscando la certeza de tener opciones, me subí al avión con un pasaje a un futuro incierto.
Deje mi hogar en silencio. El silencio de alguien que había cesado los intentos de ser escuchado, el silencio de alguien que todavía no había descubierto su voz pero que estaba determinado a ganársela — una voz fuerte que pudiera ser escuchada en la multitud.”
“I still remember the day I left home, August 20 of 2012 […] I left home disappointed with the Paraguayan government which does not prepare students to succeed in college. I was upset with an education system that is not oriented towards the students but to the authoritative figures of professors and faculty. I was angry for seeing college students finishing their undergraduate studies in 8 years due to the bureaucracy of the public universities. I left home revolted with the corruption of certain government agencies […]. I left my country wishing the public and private sector would be more participant and active in creating opportunities for students — programs that included low interest loans, fellowships, and grants — that would help scholars succeed within the national borders and also abroad. I left Paraguay believing that there was not a space for me in a society in which economic status, family’s last names and a network of influence are what determine a person’s future. I grew up aware of this complex reality and that motivated me to leave my country. Similar to Adichie’s description of Obinze, I was ‘conditioned from birth to look towards somewhere else’(341).On August 20 of 2012, I said goodbye to my family and friends. Seeking the certainty of choices, I entered a plane with a one way ticket to an uncertain future. I left home in silence. The silence of someone who ceased his attempts of being heard, the silence of someone who had not yet discovered his voice but was determined to earn one — a strong voice that could be heard in the crowd.”