Privilegiado- Narraciones de un Paraguayo Estudiando en el Extranjero

Mientras caminaba a mi trabajo esta mañana, solamente una palabra me venía a mi cabeza: “privilegio”, claro y fuerte, “privilegio”. La misma palabra me acompaña siempre, cuando voy a clases, cuando paso noches estudiando, cuando asisto a los eventos culturales de la institución en la que estudio, cuando viajo, cuando doy un discurso…siempre escucho un susurro alto… “Privilegio”.

Privilegio: Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. (Real academia española)

Mi historia es la de un estudiante paraguayo que cursa la carrera de ingeniería civil dentro del programa de honores de una institución Norteamericana promedio. Pero mi historia singular siempre puede ser vista desde diferentes ángulos. Al narrar mi historia podemos enfocarnos contando mis logros, enfatizando que me financio mi educación con mis propios medios a través de becas y labores dentro de mi facultad. Cubro todos mis gastos sin ayuda de mis padres, familia, institución privada o estatal.

También podemos narrarla empezando por nombrar a mis padres, mencionar el hecho que ambos son universitarios, y enfatizar que mi padre es un profesional renombrado. Ninguna de las dos versiones es fiel a la realidad, ambas son historias incompletas que pueden crear suposiciones equivocadas, y creo que en nuestro país tenemos la costumbre de creer una sola versión de la historia.

Probablemente mis fotos en las redes sociales simplemente cuenten la siguiente historia: estudiante de clase media, asunceno, ex alumno de colegio privado, estudiando en los Estados Unidos. Pero Instagram, ni Facebook, ni Twitter contienen una foto que incluya la ayuda financiera y becas que recibo de mi Universidad, tampoco describe mi actual cuenta bancaria con menos de diez dólares, no incluye una foto mía recogiendo alimentos de una ONG Americana que ayuda a personas con necesidad financiera, no existe una descripción de la compleja y disfuncional relación que tengo con mi padre y todavía menos el esfuerzo hecho por mi familia para pagar las mensualidades del colegio.

Esa es mi historia, un beneficiario y un privilegiado al mismo tiempo. Pretender que llegue a donde llegue solamente por mis méritos propios es negar la realidad. A pesar de que mis amigos y familiares dicen “Juan está donde está por sus propios méritos”, yo sé muy bien que llegue donde llegue por haber nacido en la cuna de la familia Benitez Gonzalez, que por más de no ser una familia adinerada me permitió acceder a una educación privada, aprender dos idiomas además de mi lengua nativa, poder desempeñarme exitosamente en mis responsabilidades académicas en los años de colegio, y disfrutar de los beneficios de vivir en el área capitalina en una nación donde la mayoría de las oportunidades están geográficamente centralizadas. Una realidad diferente de la que viven muchos Paraguayos, una realidad diferente de la que vivían los otros estudiantes que juntamente conmigo fueron beneficiarios de un programa de asesoría y ayuda financiera del Departamento de Estado Norteamericano que permite que estudiantes paraguayos puedan postular a Universidades Americanas.

Decir a los demás que mis logros son puramente el resultado de méritos propios, es enviar el mensaje falso y tan popular de que “el que quiere puede”, “el que no lo logra es por qué no se esfuerza lo suficiente”. Conozco varios casos de chicos que con menos oportunidades que las mías, están teniendo éxito en universidades en el extranjero, pero también sé que son una excepción ya que también conozco la historia de varios chicos esforzados, estudiosos y trabajadores que no pudieron cumplir sus sueños. Inclusive conozco personalmente a otros paraguayos que hoy mismo, al ser aceptados en instituciones en el extranjero con becas altas pero no completas enfrentan la agonía de estar tan lejos pero al mismo tiempo tan cerca de cumplir su tan añorado sueño.

Privilegio: Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. (Real academia española)

Hoy, mientras caminaba al laboratorio en el cual trabajo en mi Universidad me sentí privilegiado porque sé que las condiciones en las cuales estudio y los beneficios que recibo por estudiar en una institución en un país desarrollado son mejores que las condiciones en las que estudian nuestros compatriotas en Paraguay.

Y a pesar de que a veces se me puede antojar decir que nadie puede minimizar mi esfuerzo, que yo estoy cosechando los frutos que plante, que mi situación actual es el resultado de las varias noches que pase sin dormir mientras estudiaba, y de las horas que me pase trabajando yo sé muy bien que esa no es la historia completa. Es importante recalcar que miles de paraguayos todos los días están haciendo lo mismo, que la batallan de la misma forma, chicos que estudian y trabajan y que no solamente tienen que mantenerse a sí mismos sino también ayudar a sus familias y que no disfrutan de los mismos beneficios que yo tengo en el extranjero.

En nuestro país la realidad es injusta.

Yo sé que el estado no asegura que las instituciones públicas ni privadas preparen a sus estudiantes para que tengan un futuro exitoso tanto en universidades nacionales ni mucho menos en el extranjero . Como consecuencia por más que uno se esfuerce uno nunca está lo suficientemente capacitado para competir por oportunidades.

Yo sé que la razón por la que hoy estoy persiguiendo una carrera universitaria y aspirando un posgrado es porque crecí en un hogar con ambos padres universitarios, en donde se me inculco el valor del estudio. Yo sé que la razón por la que me anime a salir y estudiar en el exterior a pesar de no contar con los recursos es porque tenía el ejemplo de una hermana mayor que construyo su propio camino e ingreso a una universidad en el exterior de la misma forma. Todos estos son méritos no solamente míos, sino méritos heredados, son un reflejo de una “ventaja exclusiva” que recibo por nacer en cierto contexto.

Así que entiendo la frustración del joven estudiante paraguayo esforzado que al fin de un día largo y lleno de dificultades se indigna por la información que recibió de medios amarillistas sobre la beca otorgada por el Banco Central a uno de sus empleados… “800 millones de guaraníes” (valor exacerbado por los medios) destinados a la educación de un solo paraguayo: suena injusto…

En su discurso titulado “El peligro de una sola historia” la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie resalta “La consecuencia de la historia única es: que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes”

En todas las noticias que leí, y muchos de los comentarios que vi en las redes sociales, la mayoría simplemente presentaban una sola historia. Creo que pocos se pusieron a considerar las varias historias envueltas en todo este debate, y que el resultado fue exactamente el descrito por Chimamanda Ngozi Adichie, terminamos cuestionando la dignidad del otro y empezamos a enfatizar nuestras diferencias. No nos definimos como paraguayos, sino que nos enfocamos en nuestras diferencias de clase social, religión e ideología política

Pero también creo que es importante resaltar otro punto mencionado por Chimamanda sobre la influencia del poder en las historias.Ella declara que las estructuras de poder definen las historias: “Cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas en verdad depende del poder”

Y por más de que no puedo negar de que el Centro Familiar de Adoración, donde el pastor principal es el padre de Joshua Abreu, es una estructura de poder e influencia en nuestra nación también sé que en nuestro país los medios de comunicación que hacen parte de un oligopolio, son estructuras de poder mucho más grandes y de mucha más influencia que esta iglesia y que han logrado hacer que una sola historia de privilegios sea definida como la historia completa de Joshua Abreu y la de su familia, anulando cualquier tipo de méritos que el haya podido conseguir, hasta el punto de descalificar sus logros, cuestionar la honestidad de su familia y definirlo en función a comentarios hechos por los propios medios en circunstancias anteriores sobre su padre.

Pero no me deja de conmover la bondad o ingenuidad de los estudiantes paraguayos, específicamente de aquellos que, así como yo, se congregan en el Centro Familiar, que defienden a Joshua Abreu ante los cuestionamientos de la prensa injusta, mientras el estado paraguayo le viene haciendo injusticias desde que nacieron y que por ende les va a ser mucho más difícil poder acceder a las oportunidades que chicos como yo o Joshua tenemos. Nadie cuenta sus historias. Defendemos la injusticia ajena perpetrada por los medios, injusticia que se le hace a alguien que tiene voz en nuestra sociedad, que tuvo una buena educación, que tiene influencia, que tiene una plataforma desde donde hablar (no necesariamente un pulpito sino la misma prensa), y que probablemente por opción propia prefiere estar en silencio.

No niego los méritos de Joshua Abreu, creo que sus logros académicos en su institución de grado, su admisión a la Universidad de Oxford y la referencia de los directores del Banco Central en los medios demuestran que es un estudiante y profesional brillante. Creo que su beca es legítima y que nuestro país necesita jóvenes capacitándose en el exterior. Sé que el Banco Central concede estas becas hace varios años no como parte de un programa de ayuda social sino para capacitar a sus propios empleados y que inclusive el ministro de Hacienda Santiago Pena recibió la misma beca.

Pero tampoco puedo dejar de concluir el hecho de que finalmente el estado Paraguayo de una u otra forma es injusto. Injusto porque teniendo recursos, nuestro estado no asegura que la mayoría de los paraguayos puedan tener una educación que les permita competir por oportunidades. Me pregunto si de todos los empleados que eventualmente fueron becados del Banco Central ¿cuantos realmente vienen de colegios públicos? ¿Cuantos vienen del interior del país? ¿Cuántos de los paraguayos tienen acceso a una educación exigente y recursos suficientes para poder algún día ser empleados de alto rango del Banco y para estar preparados como para ingresar a una institución académica exigente en el extranjero? La solución a este problema definitivamente no es mediocrizarnos y negar que el estado provea de recursos a aquellos que acceden a excelentes instituciones universitarias en el exterior. La solución implica que exijamos una educación básica de calidad, una educación primaria y secundaria con estándares internacionales, y recursos que nos permitan a una gran mayoría poder ingresar a universidades nacionales e internacionales exigentes para poder competir por un puesto en instituciones como el Banco Central. La solución implica una responsabilidad de todos, de que empecemos a exigir. De que nos aseguremos que tanto a las grandes como pequeñas instituciones del estado que reciben los recursos del FONACIDE , los usen de una forma correcta y eficaz. Necesitamos exigir que el estado Paraguayo no solo beneficie a estudiantes en las áreas administrativas y económicas, que no solo tenga programas de becas de mérito para trabajadores de ciertas entidades públicas, sino para todos.

La historia de Chimamanda Ngozi Adichie es similar a mi historia, es similar a la historia de varios paraguayos que conozco en el extranjero, y decido citarla porque veo las similitudes en sus pensamientos con los míos cada vez que pienso sobre mi querido Paraguay. Chimamanda es una autora proveniente de Nigeria, un país que similar a nuestro país tiene muchísimos problemas sociales, que fue becada para cursar sus estudios en una institución norteamericana y que hoy es una autora reconocida mundialmente. En el mismo discurso, “El Peligro de una sola historia”, ella declara:

“Cada vez que regreso a casa debo confrontar las causas de irritación usuales para los nigerianos: nuestra fallida infraestructura, nuestro fallido gobierno. Pero me encuentro con la increíble resistencia de un pueblo que prospera a pesar de su gobierno y no por causa de su gobierno.”

De la misma forma que Chimamanda, recuerdo al pueblo Paraguayo como un pueblo que prospera con su sudor propio y no por que el Gobierno le asegure todos sus derechos humanos- el derecho a una educación de calidad, el derecho a la salud, el derecho a la igualdad….

Hoy decido compartir una historia similar, una historia de lucha. La historia de Jose Diarte, otro estudiante Paraguayo en el extranjero, que por más de que nunca nos hayamos conocido personalmente, nuestras historias similares nos permitieron acercarnos por medio de las redes sociales.

(Publicado con permiso del autor)

Creo que si chicos como José, al cual el estado le dio la espalda, tienen la grandeza de no cuestionar los méritos de Joshua Abreu, ni tampoco poner en cuestionamiento la honestidad de su familia, e inclusive estar alegre por sus logros, pero exponer al verdadero problema y sus causantes- El estado y medios de comunicación que publican noticias con historias parciales- todos los Paraguayos podemos hacer lo mismo. Historias como la de José, de superación, de lucha continua y de logros deben ser contadas así como las historias de Joshua Abreu, uno de los pocos paraguayos que va a Oxford. Historias que nos unan, que nos motiven a seguir peleando por un país más justo.

“… cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos un paraíso…” Chimamanda Ngozi Adichie- “El Peligro de una sola historia”

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