Cartas a Victoria XXIV

Entre vino y manjares no existen los pesares.

Imagen: Anónimo.

¿Acaso la fortuna no debe ser tratada como huésped ilustre dentro de nosotros dos?

¿Acaso no es parte del plan maestro del Gran Arquitecto que nos hayamos conocido en un momento tan crucial en nuestras vidas?

Y aunque las pesada niebla de la ambiguedad no te permita ver a la verdad, se que desde lo profundo de tu corazón algo te dice que ya es hora de cambiar.

Es difícil aceptar lo que con tanto sufrimiento la providencia en ti hace entrar.

Bastaron tres recuerdos míos y un café para recordar a la bella Glasgow de años atrás, de cuando tan solo un estudiante de arquitectura de la Escuela de Arte de Glasgow vivía entretenido con un par de escuadras, compás, un lápiz, no necesitaba más, lo tenia no casi sino todo.

Ahora la nada se ha vuelto mi todo, la ausencia pretende lo imposible. Por un lado no hay lugar donde te encuentre… ya es casi medio año de la partida de Bezo — mi querido fila brasileiro que nunca llegaste a conocer — y padre, quién además de encontrarse muy enfermo cada día se pierde aun más.

Si el volar me había caído muy bien, aterrizar no me sentó nada bien y ahora que me encuentro vagando por el callejón de los recuerdos, las espadas me lastiman la espalda y la tierra se come viva a mis pies.

Cuéntame Victoria, ¿Cómo era tu vida antes de mi?

¿Que tan poco queda pero que tan mucho se mantiene de aquellos jóvenes que fuimos en aquel entonces?

Hoy hablaré de musas, o quizás en una próxima ocasión.

Que por cierto terminé de ver el último episodio de «Genius: Einstein», y aunque no me haya sentado muy bien el final, sus enseñanzas me las guardo bien por si llego a necesitarlas. El amor, ese raro sentimiento, el motor generador de la fuerza vital, combustible de muchas de las grandes mentes de la historia y quien sabe el espacio sideral.

Imagina a un Albert de avanzada edad postrado en una cama, a punto de cruzar la línea que separa a este mundo del otro, confesando abiertamente que todo lo que algun día fue, es y posiblemente sea, era fruto directo de Mileva Marić.

Me metí tanto en la serie, que cada episodio terminó por volverse un cólera en mi, por el mismo hecho de que una mujer tal como Mileva nunca haya sido bien honrada como tal por un Albert, que prometió mucho, pero siempre terminaba cumpliendo poco — referente a su vida matrimonial y otros menesteres también — . Mileva, la palabra sublime la califica a la perfección, terminó por ser tragada por quien alguna vez fue su noble caballero, Albert, pero que por nada te debes molestar porque seres como yo negamos hacer algo como aquello, a mujeres como ella… a como tu.

Los minutos transcurren y a mi manera prosigo.

Eres para mi lo que Mileva fue para Albert, de partida, un jóven ansioso de conquistar cada país del mundo entero, de encontrar respuestas a todo lo que nos rodea, de convertir en números lo que con exclusiva maniobra el Gran Arquitecto supo encubrir en el universo, el de trasladar a geometrías más simples lo complejo de lo fenomenal. Eres de misión de inspirar en mi el valor necesario para salir en su búsqueda. Has empezado muy bien.

¿Por qué aparezco siempre acompañado de dos capuccinos?

Deja que el Man Versus Machine responda por mi, pues es el centro de abastecimiento de café y otras colaciones que mejor te conoce — ahora mucho más que el Siempre Bicycle Cafe — . Suele decir que una brisa me acompaña cada que me acoge el olor del lugar y que descortesía por mi parte sería no hacer lo mío también contigo, para juntos combatir el brutal frío de las tardes de sábado de la ciudad de Munich.

Helsinki y su invitación, la puerta hacia la oportunidad de mostrarle al mundo que arquitectura es sinónimo de salud y bienestar para el zoon politikon de Aristóteles y aunque Séneca haya aseverado lo contrario con su punzante aforismo acerca de los techos suspendidos por el hombre, la historia nos ha demostrado todo lo contrario, romanos 0 - posmodernos 1, es como resulto el viaje de hace dos días.

Es lo que puedo narrarte al corte de esta semana más de viajes, escaladas, de luchas en defensa de nuestros ideales.

Je t’adore Victoria.

Desde el Man Versus Machine, Juan Pablo Malo

Escrito originalmente un sábado, 22 de julio de 2017

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