Cartas a Victoria XXXIV

Mientras uno de nosotros no rompa con este enfermizo silencio, de mi mano solo se producirán obras desgraciadas.

Imagen: Anónimo

Si tan solo mi tinta engendrara un par de piernas a cada manuscrito mío, estas cartas acudirían a tu dirección domiciliaria automáticamente, pero son solo eso, letras sobre papel, letras sobre una pantalla.

Hasta que llegó el viernes y mi hora de recuperar el ímpetu para iniciar una nueva semana empieza, en el Siempre Bycicle Cafe de aromas y sabores exclusivos de esta ciudad, con el cielo incendiándose y nubes negras rozando por las cabezas de esta especie, es el sol vinculándose con la luna.

Empecemos.

Absolutamente todo tiene tu nombre impreso, desde la danza que ostentan los arboles a esta hora con el viento, hasta aquel invento que solo a un salvaje industrial se le pudo ocurrir, me refiero al automóvil. La creación no la complementamos ni la completamos, somos quienes la creamos.

El día menos deseado arribará, aquel en que tenga que partir hacia Múnich, ese será el día en que quien sabe, no volveré a verte, a especie de muerte anunciada, se desenredarán las cuerdas que me mantienen vivo.

Es increíble es desgaste que puede llegar a producirte vivir exageradamente en libertad, por esta razón al igual que muchos me refugio en esta bebida y un par de cigarros que me los proporcionan la pareja de enamorados sentados alado mío — aquellos de la fotografía de encabezado — .

Soy un hombre que no envidia excepto a personas como ellos, mi reflejo y el tuyo se encuentran allí, deslucido y un poco mayor, pero ¿qué tienen los jóvenes que aún no poseamos nosotros?

Al final terminé por sofocarme, no por humo del tabaco, sino por las raras conversaciones de los muy llamados millenials, de su boca no proviene nada dulce, hablan mucho pero dicen poco y siempre tan ocupados con sus planes inmediatos cuando en realidad prevalecen a la incertidumbre los de largo plazo.

Si me desmayo a mitad del camino, levanta nada más que mi pluma, en ella reside la razón de esta empresa, su tinta es mi sangre y ella atenderá gustosa a tus pedidos, solo su vibrar te permitirá ver toda la verdad.

La tranquilidad a empezado a reinar mi rededor, señal de que mi sesión termina aquí por el día de hoy.

Desplomado,

Juan Pablo Malo.

Escrito originalmente un viernes, 1 de septiembre de 2017.