A propósito de Narcos, Colombia y los estereotipos.

Aprovechando el boom mediático-patriótico de la famosísima y exitosísima serie de Netflix, Narcos, quisiera compartir una idea que hace mucho tiempo he tenido rondando en mi cabeza, aprovechando además que me encuentro viviendo temporalmente en Estados Unidos, viendo el fenomeno desde una perspectiva diferente.

Pero, antes de ahondar en conceptos, me gustaría que hiciera conmigo un ejercicio mental honesto y consciente. Siga estos pasos:

1. Piense en un árabe.

¿Imaginó este?

A.

¿O este?

B.

2. Piense en un americano.

A.
B.

3. Imagine un sudafricano.

A.
B.

4. Piense en un niño somalí.

A.
B.

Me imagino que ya entendió el propósito del ejercicio y que su mente está un poco más abierta a lo que estoy a punto de expresarle.

Los estereotipos, para bien o para mal, han existido desde siempre, o por lo menos, desde que se establecieron países, costumbres, interacciones sociales, culturas, fronteras, lenguajes, economías, gobiernos y muchos elementos más, geográficamente.

¿Qué puede hacer un colombiano enfrentado audiovisualmente a la realidad del narcotráfico y la violencia nacional de los 80s y 90s?

Una opción –y posiblemente la más pseudopatriótica y a mi concepto facilista- es rasgarse las vestiduras, sacar pecho y despotricar en redes sociales defendiendo la patria, dramatizar el hecho de que las producciones audiovisuales que tocan estos temas son increíblemente exitosas “a costa de nuestros muertos”, o simplemente ignorarla.

La otra opción -que yo propongo- es aceptar el estereotipo, no necesariamente como propio pero sí general. Expresar respetuosamente nuestro desacuerdo (tarea titánica, porque la historia es contundente). Ser abiertos y tolerantes con el tema. Dibujar una clara diferencia entre la minoría criminal y la mayoría trabajadora (todos coincidimos en que somos más los buenos que los malos). Explicar razonablemente en que consistió y las implicaciones reales de toda esa maraña de acontecimientos. E incluso, beneficiarnos de la situación.

La gran mayoría de nosotros hemos tenido algún familiar, conocido o alguien lo suficientemente cercano (o lejano), para comprobar por nosotros mismos, más allá del noticiero y los periódicos, que el narcotráfico, la corrupción, la violencia desmedida y el crimen fueron (y tristemente siguen siendo) inherentes a nuestra idiosincrasia. Aún así, no vivimos necesariamente rodeados de balas, granadas o misiles, ni todos tenemos acento paisa. No hay ningún problema en ser abiertos y tolerantes al hablar del tema. La gran mayoría de extranjeros que se interesan en conversar acerca del mismo, tienen un interés genuino y poco sensacionalista en entender de primera mano (usted) lo que realmente sucedió y así poder llegar a sus propias conclusiones. Si no es el caso y está rodeado de gente que lo primero que hace al verlo habiendo visto la serie es pedirle coca, reevalúe su circulo de amigos.

Es bastante fácil trazar una línea entre un criminal miembro de un cartel mafioso y usted, que estudia, trabaja y se levanta todos los días a construir un mejor país. ¿Siguen habiendo mulas? Obvio, pero ni usted, ni su familia, ni sus amigos lo son, no se sienta aludido.

Personalmente, nunca he tenido ni un solo inconveniente en ningún aeropuerto del mundo que haya transitado, y si es su caso, créame que hay otros miles de árabes, chinos, españoles, mexicanos, sudafricanos, neozelandeses y muchos más, teniendo la misma clase de problemas.

Ahora, si se siente lo suficiente cómodo y conocedor del tema, ilustre. Hable de la realidad política, social y económica del país en las épocas mencionadas. Nombre fechas, personalidades, sucesos, anécdotas, lugares, etcétera. Eso no solo lo hará un conversador buenísimo, sino que le reafirmará conceptos.

Dadas las circunstancias, y mientras no implique absolutamente nada ilegal o extraño, benefíciese del estereotipo. Tome a Sofía Vergara como ejemplo; en Modern Family no hace más que mencionar al tío, primo o ex esposo traqueto y todo el mundo, después de reírse, entiende que es mitad broma mitad exageración del estereotipo. Nadie la discrimina y por el contrario, la adoran. Es la actriz mejor paga de Hollywood. Ya lo hicieron los italianos con Scarface, los ruandeses con Hotel Rwanda y los americanos con las miles de producciones en las que se mofan de sí mismos. Sea vivo, creativo, imponga su carácter y opiniones, sea cómico, fuerte de carácter, rumbero, familiar, en fin, un montón de características positivas que nos hacen únicos y que los actores de Narcos representan muy bien.

Ahora, piense en todas las personas involucradas en la producción de la serie. Los camarógrafos, actores, compositores, ingenieros, técnicos, conductores, extras, en fin, todas las oportunidades de empleo que habrá generado el haber llevado a cabo la producción en Colombia.

Por último y a propósito, el mismísimo hecho de haber rodado todos los capitulos en Colombia, es mucho más positivo que negativo y le recuerda al que no lo sabe, que hoy en día Colombia es no sólo un mucho mejor país del que era en la era del terror, sino un paraíso natural impresionante.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.