Un Vietnam para Malvinas

Como las rutas sub-saharianas se encuentran en mal estado, consecuencia de las guerras y la desolación, los científicos franceses deciden transportar al rinoceronte blanco vendándole los ojos y colgándolo cabeza abajo de un helicóptero. Ahora en la pantalla veo esas fotos. El cielo azul, el paisaje rural, la vegetación espinosa, el rotor del helicóptero fijado por la instantánea. Y el rinoceronte colgando, como un péndulo, drogado, entregado, las patas atadas en el aire caliente de la sabana, balanceándose apenas en el cable de acero. ¿La gran metáfora de nuestras vidas? ¿La música de fondo de nuestra civilización? Soy ese rinoceronte que vuela cabeza abajo. “Lo hacemos por tu bien”, me dicen. Soy ese mareo festivo que se transforma, soy esa resaca, ese diente, ese conflicto, dejando marcas en la arena, todo junto, todo al mismo tiempo, y también comprendo que él, en libertad, uno de los últimos, es, siempre será, mejor que yo. Una vez escribí un poema que se llamaba “Un Vietnam para Malvinas”. Mi proceso creativo consistía en imaginarme las aguas turbias del río Mekong desde abajo, sumergido, o con la línea de flotación en la cintura, a veces también desde una playa de arena húmeda y oscura. Una vez fijado el escenario lo enfriaba hasta llegar a los cinco grados. A veces incluso menos. Entonces los árboles y las plantas de las costas empezaban a secarse y aparecían pedazos de hielo en la corriente. Después me dijeron que el delta vietnamita se parece al Tigre y empecé a escribir sobre los fusiles Kalashnikov y sobre el mismo Kalashnikov, que inventó su fusil borracho. El poema quedó inconcluso. Hay cosas que simplemente no se pueden forzar.////

Este fragmento salió publicado el 1 de abril del 2012 en el diario Tiempo Argentino, gracias a Ivana Romero que me preguntó si quería escribir sobre Malvinas.
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