La lengua líquida de Vulcano

Juan José Ruiz Bellido
Jan 10 · 3 min read

(Lectura de Arder o quemar de Carlos Asensio)

Esta fue la lectura que hice del libro de Carlos Asensio. No es una reseña, es un email que le gustó y por eso lo publico y lo comparto.


Querido Carlos,

Hoy es el quinto día de fermentación de la harina con la que trato de elaborar una masa madre y acabo de releer tu libro. Te escribo mientras mi hijo grita en el piso de arriba, sobre un puzle de gomeaeva, rodeado de peluches. Te lo cuento porque creo que las circunstancias de mi lectura siempre dicen algo de lo que voy a decir sobre la propia lectura. Me parece un libro muy íntimo, con una narración casi mítica, escrito en un lenguaje a medio camino entre Cernuda y Huidobro: entre la imagen rápida y centelleante y la introspección y el monólogo interior que trata de explicarse sus propios sentimientos. En este sentido, cada poema es “un esbozo de manifiesto vanguardista de los sentimientos” y un baile bajo fresnos, con su hipnótica lluvia de hojas caducifolias. Esta me parece una definición muy precisa de la poética que gobierna el libro, jugando a “dramatizar con la melancolía del aire”. Un ejemplo de esta poética entre la vanguardia y el análisis sentimental son estos versos:

Cambio, cambio, cambio y cambio.

Y, por cada cambio, diez disparos al aire y un cisne negro que abandona el nido recitando mantras en la prosa propia de las aves antiguas”.

Diez disparos al aire y un cisne negro. El juego lingüístico rompe cualquier relación lógica entre los significantes.

Amanezco en la pista de amerizaje con las pupilas extasiadas, y un frenesí de plumas y hojas me rocoge con dureza y me transporta hasta los límites del cielo.

Casi parezco un príncipe de las nubes”.

Dice “amanezco” y aparece en una nube. De esta manera, me parece que Arder o quemar busca en todo momento una fijeza que nunca llega a encontrar. La fijeza es siempre momentánea, ese momento en el que aquello que se dice cobra plena significación, y digo que parece no llegar porque hay otra nueva metáfora que le sale al paso; el libro inventa un lenguaje fraguado en el deseo y trata en todo momento de fijarlo pero la lengua de Vulcano es siempore ardiente, líquida, metalizada, romántica.

Te decía antes que trataba de fermentar la harina para hacer pan, un pan fraguado en el deseo de dar. A mí me parece que el deseo ha fraguado este libro. Cuando lo leí por primera vez pensé que el sujeto lírico del libro se identificaba con la figura mítica de Vulcano pero al releerlo me di cuenta de que no, de que más bien (y por eso es un libro difícil) el sujeto se identificaba plenamente con la materia decantada de Vulcano, por eso cada poema amasa dolor y deseo. Eso se me reveló con el poema “Todo esto era yo”, mi favorito. Ese poema me llevó a releer insistentemente a “Fraude” y a este verso tan desnudo:

No entiendo por qué mi pecho está siempre a punto de reventar de angustia”

Entendí que el libro seguía la estructura narrativa de la relación entre dos personas, entendí que el libro era la narración mítica de un desastre, de una caída, de una ruina. Quise entender que el libro era “un dardo impregnado de desesperación y vida destinado a dar muerte a la individualidad”.

No sé si esta lectura te ayudará en algo o si te satisface. Es una lectura muy personal, mientras amaso pan para mi hijo. Pero a mí me sirve. Me ha gustado mucho, Carlos. Te lo agradezco.

¡Feliz año!

Juan José Ruiz Bellido

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Lector, profesor, padre. Escribo cosas en Poscultura y he escrito algo en Digo.Palabra.txt Twitter, IG y FB: @juaruibel

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