Por Semana Santa y para siempre

Muchas veces nos quejamos de cosas que no tenemos y no apreciamos lo que sí tenemos, lo que sí es real, lo que verdaderamente importa: la salud, la familia, la vida, los sentidos, los sentimientos, el amor humano, una estrecha relación con Dios y muchas otras cosas valiosas.

Aquello que no tenemos y que “necesitamos”, lo alcanzaremos con esfuerzo, trabajo, dedicación, perseverancia y sacrificio. Pero, sobre todo, teniendo un corazón agradecido de lo que nos ha sido dado.

La Semana Santa es una oportunidad más para reflexionar y crecer en nuestro interior; que es al mismo tiempo, lo que reflejamos en nuestro accionar.

Actualmente la vida está muy acelerada y todo es “para rápido”. Sin embargo, es necesario hacer una pausa para pensar en todas las bendiciones que hemos recibido y saber que si estamos aquí es por un propósito, con el cual, debemos cumplir.

Siempre es propicio recordar el padecimiento de un ser extraordinario que cambió el curso de la historia. Una figura íntegra, pura y fiel a sus principios. Un líder. Un maestro que entregó su vida por amor a la humanidad y le llamaban Mesías, el Hijo de Dios: Jesús.

Por Él, por el sacrifico que hizo por ti, por mi y por todos, te invito a ser agradecido siempre. No importan las circunstancias: ¡agradece! Solo pide su gracia y su voluntad en ti.

Mañana mirarás el camino recorrido y verás que valió la pena el sacrificio y el amor dado: el de Jesús por nosotros y el tuyo por ti, los tuyos y la sociedad, pero en su Nombre.

Al final, esta reflexión debe ser por Semana Santa y para siempre. ¡Feliz asueto!

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