El descuento que no fue

Desde el 16 al 22 de septiembre, en la ciudad de buenos aires, se llevó a cabo la semana de los descuentos en pizzas y la empanadas. Sin embargo no todas la pizzerias se adhirieron a esta propuesta.

Las tortugas ninjas comiendo pizza.

Faltando cincuenta minutos para dar por finalizada la semana de la pizza y la empanada, en la puerta de Le Troquet de Henry, un bar/pizzeria, cuya fachada se confunde con un viejo almacén, en lugar del cartel de establecimiento adherido a las promociones y descuentos, se encuentra una fotocopia blanco y negro con la cara de Santiago Maldonado, con vida lo llevaron con vida lo queremos. A la derecha se asoma el shopping, viejo mercado del Abasto.

La capacidad del primer piso de Le Troquet, se encontraba casi completa, incluidas las mesas ubicadas sobre la vereda de guardia vieja y gallo, en ese especie de “balcón que ofrece el gobierno de la ciudad para cobrar más impuestos”, acota Rodrigo, el mozo de los miércoles y jueves, que hoy no está ahí para trabajar sino para festejar junto a un grupo de actores un feliz estreno.

Una torre de cajas de cerveza y cuadros de algún joven pintor cubista, es la decoración a primera vista, donde los habitúes del lugar, un circo de variedades cuyos integrantes se juntan para no sentirse tan solos, comparten sus noche y cada tanto recuerda la leyenda en la que Luca Prodan, una noche de ginebra, cantó en el sótano del bar,en donde hoy la única mística, es tomar cerveza y alguna otra sustancia, que bien podría ser la humedad condensada en el ambiente.

El mobiliario es muy entretenido. Sillas de distintos colores y materiales, que no entran en la mesa. Desde la famosa silla rompe culos hasta algunas con respaldo de puerta que hacen estallar los dedos de los meseros y meseras a la hora del cierre del lugar y de la silla. Los baños son una especie de cueva grafiteada con marcadores y calcomanías. En el cubículo de hombres hay una imagen con un texto que dice “estoy así desde que me falta mi media naranja”.La imagen es un gordo deprimido, en calzoncillos negros, llorando con una sola media naranja. En el de mujeres lo más entretenido es una frase , imposible de ignorar ,escrita con marcador violeta frente al inodoro: “Chucha con chucha, hacen la lucha”.

“Acá tenés que venir sin apuro, emborracharte y observar”, sugiere Rodrigo y tiene razón. Ya pasada la medianoche empezarán a caer solo algunos, porque los días fuertes de concurrencia son durante la semana, amigos de la casa.El primero fue Humberto Sammartino,un abogado que baila rock y twist, vestido con minifalda y tacos a quien no le gusta que le pìdan amistad en facebook.Prefiere ser él quien de el primer paso. También está el Pela, un solterón de cuarenta y cinco años, orgulloso de seguir viviendo con la vieja, que de lunes a lunes viene desde la chancha de Vélez a tomar una cerveza que no le gusta pero que lo evade y lo relaja. Al rato aparece Jony, el cachorro romántico. Alguien pregunta si lo de romántico es porque escribe poesía y le contestan que no y que es un secreto. En realidad Jony es un pibe chorro y estuvo desaparecido un tiempo por que metió la mano en un bolsillo ajeno.

En cuestiones gastronómicas la estrella del lugar es la empanada:”Son un bodoque doble de masa casera”. El culpable es Checho, un chileno que lleva más de diez años en el país.El mismo tiempo que lleva terciarizando sus empanadas para Henry, que hoy no se encuentra en el lugar. Los gustos son gourmet. Hay de brócoli y roquefort, champiñón, carne cocinada al romero, pollo al verdeo, capresse y carne cortada a cuchillo con picante merken, del mismo origen que Checho.

Lo que separa la cocina del salón es una barra hecha de concreto. Los viernes por la noche ,el maestro pizzero es Matías, un joven treintañero de rulos con frezz y ojos saltones que mientras saca del horno una pizza con cebolla, jamón, tomate, rúcula, ajo y mozzarella, contesta:”El lugar no se encuentra comodo económicamente para hacer descuentos. Calculale ciento veinte pesos la de muzza , mas el costo y dividilo dos.No lo puede soportar” dijo Matí, sobre la semana de las pizzas. Antes de dejar el lugar, Matías quiere contar que un funcionario público viene dos veces por semana a comer salmón y gasta entre ochocientos y novecientos pesos por cena. Le pregunto si sabe cómo se llama: “Ah, ni idea”, responde.