Día nublado.

Estoy sentando justo frente al mar de sentimientos que me abruman y lentamente se acercan las olas de aquella tarde, de aquel recuerdo, que quién sabe si verdaderamente fue.

Tus palabras resuenan en un interminable eco y calan toda pequeña parte del pensamiento. Quisiera olvidar, pero no. Y me vuelvo egoísta y taciturno y me enojo y me entristezco y después sonrio para terminar sintiendo nada. ¿O sí?, si siento, siento el vacío, ¿o es pena? ¿O es lástima? ¿O es que ya no sé ni qué es sentir?

De cualquier manera estoy en silencio y de a poco me reconforta saberme bueno, entender que la vida es así y que todos los espasmos dolorosos que conforman algunos recuerdos me han cambiado y me han permitido ser.

La marea se calma, el sol quema y queda el silencio, la soledad, la incertidumbre momentánea.

Pero el tiempo pasa y no haces nada y quizá tu soledad, tu incertidumbre, el peso de tus acciones aún estén por llegar.

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