La casita

Frente al edificio en donde vivo hay una casita con una puerta blanca, se ve rústica, la pintura está deslavada y un poco deteriorada por el paso de lo años, he de suponer. Todos los días, o la mayoría de ellos, me tomo el tiempo para salir al balcón de mi departamento y ver hacia la calle; siempre hay alguien. Una ancianita que asoma su cabeza por la ventana, con la mirada perdida en los carros que pasan, siempre mirando hacia el lado derecho, a veces me quedo largo rato observándola y ahí sigue, sin exhaltarse, como perdida, exhorta en sus propios pensamientos y me pregunto ¿Qué hace? Pero de pronto se va, la pierdo de vista, pero regresa con un suetercito y abre la puerta.
Tal vez ella espera, y puede que yo también. Ahí estamos los dos contemplando no sé que, matando un poco el tiempo o dejando que el nos mate, esperando, aunque no sepamos qué o a quien, tan sólo siendo, tan solo, tan solos.
En la distancia de unos cuantos pasos la acompaño, aunque ni siquiera note mi presencia; lo más probable es que mañana salga de nuevo y la encuentre en el mismo sitio y puede que mañana voltee a verme y me diga a quien espera con tantas ansías y me quede mudo y tonto, porque al final de cuentas eso hacemos, aunque para ser sinceros ¿Quién nos espera a nosotros?