Ante la nada

El sol se asoma tímidamente entre las persianas; me doy cuenta que inevitablemente amanecí, otra vez, entre bosquejos, planos, lápices de colores y tazas de café vacíos. Había terminado con tanta premura mi trabajo. En esas sagradas horas entre la una y cuatro de la madrugada, en un ambiente en silencio, vacío, de soledad… la nada te susurra sus secretos.

Cuando estas solo y sólo te tienes a ti, surge una necesidad del otro. Lo buscas o lo creas, pues somos seres sociables; necesitamos a dos para ser uno. Eso es muestra de que el ser humano es y hace su entorno; existe una interdependencia.

Organizamos sociedades para acompañarnos, creamos el arte para disfrutar acompañarnos, inventamos tecnologías para facilitar acompañarnos y surgen leyes para saber cómo acompañarnos mejor.

Hemos trabajado, consciente o no, desde siempre con un doble propósito: individual y social. Si al construir una casa el interior es para disfrute de la familia; el exterior, para los vecinos. Entonces no sólo está afectando sus metros cuadrados que lo ocupa. Al igual que el hombre debe pensar que cada acción afecta a su entorno y a él mismo, inevitablemente, la arquitectura también debe proceder así.

La arquitectura no necesariamente es una cosa para hombres, una disciplina 'antropocéntrica’, sino que hoy en día necesitamos construir relaciones. Y te das cuenta, al final, del carácter social de la arquitectura y que su valor real es poder generar inclusión social, transformación social, educación social.

Pues ante la nada, estás tú y también ellos.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Julines’s story.