Aquel día venía caminando por la calle tratando de recordar lo imposible de acordarme justo de esas cosas que quisiera llevar conmigo en alguna mochila o cartera (lo que fuese más cómodo para mi)
Quería pensar en ciertas personas acompañadas de buenos recuerdos para guardarlas en mi mochila con el candado más seguro por miedo a que se escapen. Mi plan era frenarme en alguna de las veredas, abrir mi mochila y empezar a recordar para primero guardar a las personas, después darle lugar a los momentos, luego a los sitios y por último a los olores (inevitable no acordarse de ellos).
Justo a tiempo, me di cuenta que lo que quería hacer era imposible de lograr porque a nadie se le ocurre guardar en una mochila lo que no puede guardarse.
Así fue como decidí caminar todos los días que me quedarían de vida, siempre por el mismo camino, conversar con el sol y frenar todos los días en la misma vereda para volver el tiempo atrás persona por persona, recuerdo por recuerdo, acordarme de la esquina, la casa, o cualquier otro lugar en el cual había sido feliz, agarrar mi mochila abrirla y sacar mi anotador junto con la lapicera. Ahora escribo una y otra vez de lo que me quiero acordar siempre hasta que me invada la vejez, hasta que mi cabeza no logre reconocer lo feliz que fui alguna vez, antes y después de haber pasado por esta vereda. Porque también escribiendo recordamos y porque para recordar el papel termina siendo tu aliado.

Me quiero acordar

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