La inspiración no viene sola

Hay que salir a su encuentro

La imagen que encabeza este post es casi imposible que nos deje indiferente, a pesar de que no llame especialmente la atención al no tratarse de una escena inusual o provocativa. Sin embargo, refleja un “algo” que la convierte en diferente. Probablemente sea el ave que cruza de lado a lado lo que acapare la atención. Así que no es una foto. Y como vídeo es tan corto… que sí, efectivamente, es un gif (vídeo súper-breve).

Cada uno encontrará su clave personal. Los más románticos recordarán quizá una escena de amor propia, ajena o de película. Los más básicos se limitarán a pensar ¡qué bonitas son las puestas de sol!

Los urbanitas –como es mi caso– disfrutarán el skyline imaginando las miles de historias enterradas entre esos edificios y calles. Los amantes del mar en realidad harán recaer el mérito de la escena en el mar desde donde, al fin y al cabo, se ha logrado esta magnífica toma. Algo más complicado lo tienen los de origen o entorno agrícola… pero quizá por eso mismo se sientan más atraídos que los anteriores.

Siempre queda el nivel superior de innovación capaz de ver de todo menos una gaviota (creo que lo es, que me corrija quien piense otra cosa), una ciudad, el mar o uno de los diarios ocasos que constantemente se reproducen alrededor de la tierra.

Son esos tipos que aprovechando esta imagen llegan a conclusiones inesperadas a primera vista. Son personas descubren en la escena el concepto de oportunidad (en forma de gaviota): esa ocasión única que pasa por delante en un momento y si no se aprovecha, se pierde. Aunque toda una población tenga la posibilidad de verla pasar, sólo los que se han atrevido a adentrarse en el mar son capaces de observarla con una perspectiva diferente.

La vida de los creativos y los innovadores es un constante ver lo que no ven los demás. Para eso hay que dejar de contemplar lo de siempre como siempre, con los mismos ojos y desde los mismos puntos de vista.

Si no practicaran ese ejercicio inspiracional, cada acontecimiento sería uno más de tantos en la vida, una rutina sin valor ni interés. Lo obvio ya existe. Lo que necesita el mundo son iniciativas diferentes que lo hagan mejor, en el terreno de social, en los negocios, la política, la economía y el marketing… todo necesita reinventarse inspiracionalmente.

Llámese emprendedor o intraemprendedor o, simplemente, persona que pone en marcha un proyecto, necesitará una alta dosis de inspiración.

El único problema es que la onda de buenas ideas y la capacidad de mantenerlas en pie sólo llega cuando salimos a su encuentro. Hay que pensar, sí, pero reflexionar sin ponerse en marcha transformarán las buenas intenciones en un buenismo inoperante.

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