¿Qué haces con tus 22,6 años de vacaciones?

Este artículo fue publicado el 05.09.2012

Amalio Rey ha vuelto de vacaciones y el resto, que aún estábamos colocando las pilas en nuestro cerebro, nos vemos apremiados en pleno domingo. En su post Crónica estival recién salido del horno nos narra su disfrute vacacional y como, además, lo describe muy bien, te pone los dientes largos. A mitad de artículo escupe estas preguntas:

“Si tienes hijos, me gustaría saber qué piensas de esto: ¿Cómo gestionas las vacaciones compartidas? ¿Deberíamos educarlos para que aprendan a disfrutar otros placeres “más elevados”? ¿Qué haces tú cuando tus niños lo que quieren es piscina ruidosa, playa con mogollón, Play Station y Nintendo, parques de diversiones atestados de neón, y todo eso de lo que intentas huir en períodos de descanso? Cualquier recomendación me viene bien excepto la de no tener hijos, o dejarlos con los abuelos, porque ya no me sirve”.

Aconsejo leer el párrafo contextualizado en el blog de Amalio para sacarle y/o aportar ideas de la manera más positiva y generosa. Mucho me temo que a estas alturas del post se preguntarán mis lectores si se me han acabado los temas sobre innovación o qué. Al revés, la lectura de Crónica estival ha activado mis neuronas hasta el punto de forzarme a salir de verdad del letargo estival en el que andaba.

Innovación y Ocio es el tema que quiero comentar. En ocio incluyo descanso, cambio de actividad, hábitos diferentes, lo lúdico, lo interesante, salir de la rutina… Y la premisa de la que parto es esta:

La gente no tiene ni idea de cómo descansar

El concepto de descanso es tan plano como aburrido, con tendencia a lo borreguil y, evidentemente, sin el valor añadido que evita la cara de tonto (también llamado con el eufemismo “síndrome vacacional”) que a tantos se les queda cuando llega la llamada “operación retorno”.

Las sensaciones son: pérdida de tiempo y dinero, más cansancio (aunque no se reconozca abiertamente), más moreno (aunque dure un suspiro), más kilos aunque hayamos (o no) hecho más deporte, más susceptibles con las obligaciones laborales y, lo más grave, más ignorantes porque no hemos aprovechado la ocasión para leer algo interesante, visitar lugares también interesantes y distintos a los de otros años, conocer a gente nueva, tratar temas de conversación novedosos (no digo de alto nivel intelectual porque tampoco es eso) más allá del fútbol y las previsiones del tiempo…

En definitiva, existe un nicho inmenso –hay muchas personas y familias desnortadas– en asesoramiento vacacional. ¿No creen que el mercado reclama este servicio? Las agencias de viajes –en obvio retroceso como expendedores de billetes para gente analfabeta digitalmente– deberían migrar hacia un enfoque de este tipo.

Es cuestión de diseñar un Holiday Plan a la medida que no dependa sólo de las ofertas de hoteleros y líneas aéreas. Como un Personal Shopper adaptado a las vacaciones rellenando un sencillo formulario:

  • Fechas (flexibilidad)
  • Preferencias (playa, monte, arte…)
  • Presupuesto estimado
  • Nº de personas (edades y sexos / bebés, niños, adolescentes, adultos, tercera edad / discapacitados…)
  • Medio de transporte (preferencias)

La ficha de Holiday Plan se guarda para generar un histórico y, al cabo de 10 años, por ejemplo, es probable que nos sintamos orgullosos de lo que hicimos-disfrutamos-aprendimos durante esas temporadas de ocio.

¿No es evidente que con este modelo estamos a un paso de crear una red social con enormes posibilidades de recomendaciones entre usuarios a los que podemos ofrecer sin importunar miles de servicios vacacionales? Pongo un ejemplo: Iberia tiene aviones, rutas y pasajeros a nivel mundial. ¿A qué espera para montar una consultoría de este tipo? Si mis amigos de Iberia me dice algo, prometo publicarlo… (era sólo un ejemplo).

Como lo afirmado hasta ahora es aplicable a verano, invierno, semana blanca, semana santa, puentes, navidades, fines de semana… acabo con un cálculo “grosso modo” del promedio de días vacacionales en la vida de una persona; servirá para que no despreciemos la propias reflexiones al proyectarlas sobre nuestra actividad de ocio. Redondeo pensando que al año desconectamos del trabajo 30 días (vacaciones) + 88 días (4 fines de semana x 11 meses, el mes 12º es el de vacaciones) x 70 años de vida, por ejemplo (incluida la infancia). Total: 8.260 días que hacen un total de 22,6 años de vacaciones en la vida.

¡Glup! Con los años que tengo, me acabo de dar cuenta de lo que me he perdido por falta de iniciativa y de lo poco que me queda para sacarle jugo al resto.

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