Voy a copiar textualmente lo que aparece muy al final en la biografía oficial de Steve Jobs:
Una tarde soleada en que no se encontraba demasiado bien, Jobs estaba sentado en el jardín trasero de su casa y reflexionó sobre la muerte (…). «Creo en Dios aproximadamente al cincuenta por ciento –afirmó–. Durante la mayor parte de mi vida he sentido que debía de haber algo más en nuestra existencia de lo que se aprecia a simple vista (…) Me gusta pensar que hay algo que sobrevive después de morir –comentó–. Resulta extraño pensar que puedas acumular toda esta experiencia y tal vez algo de sabiduría y que simplemente desaparezca, así que quiero creer que hay algo que sobrevive, que a lo mejor tu conciencia resiste».
A mí, personalmente, también me «resulta extraño». Cada uno ha de ser honrado intelectual y espiritualmente, no hacerse trampa. La vida tiene un fin, un hito que para los creyentes es el principio de una vida mejor. Pero, sobre todo, a la vida hay que darle una finalidad, un sentido, que a mí se me hace complicado pensar que sea el hecho mismo de vivir sin más. Me recuerda a los profesores cuando nos decían que en la definición no puede estar lo definido.
