La tarea del traductor debe ser ardua.

La tarea del traductor debe ser ardua. Tener que reponer el sentido, volver a escribir como si fuera la persona que lo escribio originalmente (o no), expresar el mensaje central del texto, y tantos otros menesteres que ni debo comprender dado que no he estudiado una carrera de traductorado.

Pero he aprendido un idioma distinto al que me enseñaron de chico, por lo que en principio tendría una habilidad de reponer el significado entre uno y otro. La tarea de la traducción o la traducción en sí siempre me fascinó, trato de buscar textos o artículos, o personas y preguntarles por la experiencia de la traducción; el seminario de diseño gráfico de la facu avivó mucho la llama.

Ejemplos como los ideogramas orientales respecto al trazo sobre el papel o los tonos al exclamar una frase. Como algunas palabras no tienen traducción literal o es necesario recurrir a toda una frase para explicarlas. Estas son las cosas que me mueven hacia el mundo de la traducción.

Aparece una tarea de edición y selección de lo que quiero mostrar o dar a conocer. Eso también es parte de la traducción.

Si algo puedo aportar, aunque seguramente no sea novedoso, es que puedo hacer yo al traducir un texto aún no siendo un “traductor calificado”. Y creo que el aporte está en la elección del texto a traducir. Si tengo la capacidad de traducir un texto, puedo elegir, puedo hacer visibile algo. Aparece una tarea de edición y selección de lo que quiero mostrar o dar a conocer. Eso también es parte de la traducción.

Por esta razón trataré de traducir en la medida de lo posible algunos textos que sean de (mi) interés en pos de acercar a lectores en español temas que en su mayoría son tratados en inglés. Y de manera responsable sin acudir a métodos dudosos de traducción (?)

Referencia final en este desafío de la traducción, el amigo WB.

Walterio siempre sembrando constelaciones

“Por esta razón, la traducción, en su propósito de comunicar algo, debe prescindir en gran parte del sentido, y el original ya sólo le es indispensable en la medida en que haya liberado al traductor y a su obra del esfuerzo y de la disciplina del comunicante.

En el terreno de la traducción puede aplicarse también la sentencia “en el principio fue el Verbo”. En cambio, por lo que se refiere al sentido, no puede o, mejor dicho, no debe dejar fluir libremente el lenguaje, a fin de impedir que su intención suene como un reflejo, sino que para que sea una armonía y un complemento del idioma, en el que éste comunique la forma peculiar de la intención.

Por lo tanto, no es el mejor elogio de una traducción, sobre todo en el momento de su producción, decir de ella que se lee como un original escrito en la lengua a la que fue vertido.

Es más lisonjero decir que la significación de la fidelidad, garantizada por la traducción literal, expresa a través de la obra el deseo vehemente de completar el lenguaje.

La verdadera traducción es transparente, no cubre el original, no le hace sombra, sino que deja caer en toda su plenitud sobre éste el lenguaje puro, como fortalecido por su mediación.”

Benjamin, Walter. “La tarea del traductor” (1923).
Angelus Novus.
Barcelona: Edhasa, 1971.

Y como llegaste al final del artículo, un pequeño regalo que se pregunta lo mismo que todos: ¿Por qué los títulos de películas son tan mal traducidos?

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