Fútbol, apagón y golpe de Estado

Eran más o menos las 10:00 pm y corría el minuto 74 del juego entre la Vinotinto y Brasil, en Mérida. Ganaban los visitantes por goleada, pero la terca ilusión del público venezolano seguía activa en el estadio y ante las pantallas de los televisores.
Súbitamente el escenario quedó a oscuras y el partido de eliminatorias pre mundialistas se detuvo por casi 20 minutos. La falla eléctrica avivó de modo furioso la indignación nacional, esa misma de todos los días, ahora concentrada en una breve fracción de la tragedia que llevamos a cuestas y no cesa.
Todos, pendientes o no del juego, en el acto supusimos que se trataba de una muestra más –a una penosa escala internacional– del fallido estado de la cotidianidad de este país, donde todo escasea y nada funciona.
Impresión equivocada. Eso no fue lo que pasó. En el Metropolitano de Mérida tuvo lugar una operación de ingeniería de guerra que revela esa descomunal inquina del gobierno contra la poca paz que aun se puede hallar en pequeños lujos como medio dormir, ver una peliculeta de TV en la noche o ser espectador de una derrota segura de la selección nacional de fútbol. Fue un sabotaje terrorista de Estado.
¿Pruebas de esta teoría conspirativa? Una sola: 42 minutos después de reiniciado el juego Venezuela-Brasil, el community manager del Tribunal Supremo de Justicia publicó en su penúltimo tuit de la noche de este martes la nota de prensa sobre el fallo de la Sala Constitucional que liquida, erga omnes, a la Asamblea Nacional y del que muy poco se hablará hoy 12 de octubre, día feriado y distracción general para todos y todas en cada espacio de la geografía venezolana.
Perfecto, cuidadosamente confeccionado, el mecanismo del artefacto explosivo que prepararon en los laboratorios del PSUV y le dieron a los 7 magistrados de la sala para que lo hicieran detonar mientras a todos nosotros nos consumía la vergüenza por la oscuranta en Mérida –causada por el señuelo del complot–, estalló cerca de la medianoche sin que se notara el sonoro coñazo que le dieron en Caracas a la última columna tambaleante de la república.
La bomba fue hecha de 29 páginas de excelentísimo terrorismo judicial y la activó gente como Carmen Zuleta de Merchán y Arcadio Delgado, juristas zulianos a quienes dedico, ad infinitum, el peor repertorio de mi escatología personal.
A ese legajo del (auto)golpe de Estado «en pleno desarrollo» le invertí gran parte de mi desvelo de anoche y las pesadillas que vinieron después. Si tienen coraje, léanlo aquí: http://historico.tsj.gob.ve/…/190792-814-111016-2016-2016-8…
O esperen la prístina interpretación que el maestro José Ignacio Hernández ya debe estar preparando para Prodavinci.com.
Qué más da, si hoy estamos de vacaciones.

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PS: Ya publicó el profesor J. I. Hernández. Acá, el enlace para leer su oportuno y necesario análisis de la «sentencia ampliada»: http://prodavinci.com/blogs/que-significa-que-la-sala-constitucional-y-no-la-asamblea-nacional-apruebe-el-presupuesto-2017/