Y sé que no vendrás en mi búsqueda cuando apague la luz y las siluetas hagan presencia entre la noche, sé que no será suficiente para ti mi tormento matutino o la manera que tengo de sacudir mi cabeza repetitivamente con la esperanza de obtener un final distinto. Sé que tu boca no callará la mía cuando se escape un suspiro de agobio y que tus brazos no tendrán el calor típico que solían tener; yacen ahora más rígidos, más fríos, más muertos.
Te admiraré en silencio cuando te disipes entre los coches y lloraré a escondidas mientras lamento tu ausencia, porque sé que te he tenido aún si no he podido y sé que te he querido más allá de haberlo hecho. Probablemente acabe grabando tu nombre en la suela de mis zapatos para intentar aplastar tu recuerdo cuando pise y quizá se desgaste con el tiempo de tanto pisar, pero sé que no se borrará del todo y volveré a marcarlo cuando comience a faltar.
Volveré a mis noches eternas, a mis días intactos, a fingir que todo funciona en plenitud mientras me pierdo. Comenzaré a poner en marcha todo lo que te he dicho y asumiré que he perdido todo de mí contigo.
