“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”
Es la frase con la que comienza uno de los mejores libros que he leído. Cien años de soledad del escritor colombiano Gabriel García Márquez, es una de esas novelas que siempre quise leer, y ahora que por fin me di el tiempo, quedé encantado.
Cien años de soledad narra la historia de la familia Buendía, su maldición, magia, tragedias, muertes e incestos a lo largo de un siglo de la estirpe en el fantástico pueblo de Macondo. Desde la emblemática frase inicial, Márquez te atrapa, y durante los veinte pasajes que componen la historia, el autor relata la vida de una familia cuyos integrantes parecen estar destinados a la soledad. Desde la primera generación representada por José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, cada uno de los pertenecientes al linaje de los Buendía tiene tatuada su propia forma de soledad. Ya sea que ésta se manifieste como una dedicación imperturbable a la alquimia (José Arcadio Buendía), como la imposibilidad de amar (coronel Aureliano Buendía), o como una extrema simpleza en la forma de ver la vida (Remedios, la bella), en cada Buendía se puede ver un aura de soledad.
A lo largo de la novela, la soledad se hereda a través del apellido Buendía, y parece que la personalidad se hereda a través de los nombres. En cada generación, los nombres de José Arcadio y Aureliano marcan en sus portadores la personalidad de sus predecesores con el mismo nombre. Por un lado, los José Arcadio son impulsivos y de una gran fortaleza física, mientras que los Aurelianos tienden a ser más pensativos y calmados. Esta tendencia a la repetición de nombres y personalidades en cada generación, induce un tiempo cíclico en la novela, en el que pareciera que los acontecimientos, las relaciones incestuosas y los destinos de los protagonistas se repiten una y otra vez.
A la par con el relato de la familia, Márquez cuenta el auge y la decadencia de Macondo, cuya historia pareciera una alegoría de lo que sucede en América Latina. Sucesos como la guerra entre liberales y conservadores, el apogeo del ferrocarril, la modernización a través de la electricidad y la construcción, la llegada de extranjeros, el establecimiento de la compañía bananera, el estallido de huelgas, la sangrienta represión y el abandono de un pueblo, constituyen un retrato de lo acontecido en América Latina de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX.
Siendo cien años de soledad una de la obras maestras de la literatura hispanoamericana, y habiéndose analizado y escrito tanto acerca de esta novela, no me queda más que decir. Me fascinó esta novela y es un libro obligado para cualquier lector, en especial para los fanáticos de la literatura latinoamericana y el realismo mágico.
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