Lo que trajo “Stranger Things” (versión sin spoilers)
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Desde el nacimiento de la ciencia ficción a través de la pluma de Mary Shelley en su célebre “Frankenstein o el moderno Prometeo”, el género ha sabido adaptarse a los distintos formatos narrativos de cada generación: literatura, cine, comics, videojuegos y series. Sin embargo, en esta década en la que el centro de la atención narrativa está en las series –y por “series” me refiero a Netflix principalmente- parecía no haber encontrado un referente que lo vinculase con la cultura pop. Pensaba que Black Mirror o Ascension lograrían hacer esa conexión, pero hasta ahora no ha sido así. ¿Stranger Things llegó para ser lo que The time tunnel, The Twilight Zone, Dr. Who y X Files fueron en sus tiempos? ¿No acaso es una serie llena de clichés y lugares comunes?

Los ocho capítulos que componen la primera temporada brillan por su ritmo y las posibilidades que da para el desarrollo posterior, pero no por su innovación. Esto no es del todo una falla: son un claro homenaje a la ciencia ficción del siglo pasado. Cada capítulo está lleno de guiños implícitos y explícitos a series, películas, novelas, directores y escritores que marcaron el género (Arthur C. Clarke, The thing, E.T., Firestarter y Blade Runner, entre muchos otros detalles para curiosos).
Muchos de los clichés son producto de una serie de ciencia ficción que aparece en pleno 2016 recordando sus orígenes. Y los lugares comunes –intencionales o no- no llegan a ser lo suficientemente vulgares para impedirnos disfrutar de una historia bien contada. Al final del día, en la narrativa puede perdonarse qué es lo que contamos si el cómo lo contamos es los suficientemente bueno.
Desgraciadamente, la serie sí corre el riesgo de no pasar a ser más que eso: un homenaje curioso que no logra generar rasgos propios. Tampoco es que deba de sorprendernos. La ciencia ficción, en todos sus formatos, tiende a hacer referencias y guiños a obras del pasado hasta el cansancio. Un vicio que debiera ya superarse, pero eso es todo un tema aparte para abordar. Enfocándonos en el caso de Stranger Things: la primera temporada es una buena carta de presentación que reivindica la ciencia ficción como un género capaz de adentrarse en la fascinación popular, tanto para amantes del género como para desinteresados por el mismo. La segunda tendrá la obligación de demostrarnos qué es realmente Stranger Things y si es capaz de volverse un referente en su género o una simple moda fugaz en el universo de Netflix.

Un aspecto en el que la trama fue minimalista es en el contenido científico. Sin pena ni gloria, aborda el concepto de los universos o dimensiones paralelas de manera muy básica. Debo admitir que no estoy seguro de si lo anterior es una debilidad o una fortaleza de la serie. Un vicio en el que es fácil caer en la ciencia ficción es la sobre-explicación científica, la cual puede volver tediosa la historia, así como distraer demasiada la atención de lo que realmente importa. O se tiene la capacidad de alcanzar un equilibrio entre la información académica y la narrativa, como Arthur C. Clarke; o se tiene una capacidad de síntesis para dar explicaciones científicas muy generales pero de ideas fantásticas que incendian nuestro asombro, como Ray Bradbury. Oscilar entre ambos sin virtud puede ser riesgoso. En el caso de Stranger Things, el planteamiento no es nuevo, ni aporta algún elemento que logre reinventarlo. Pero está bien contado. Se salva en ese sentido, pero habrá que ver la propuesta que traerá la segunda temporada. Si se mantiene en el mismo escenario, no tendría mucho sentido continuar la historia.
En suma, los ocho capítulos merecen el tiempo que requieren para ser vistos. Quizá no sea Stranger Things la serie que marque una nueva dirección en la ciencia ficción, pero demuestra su vigencia. El año pasado, Netflix compró los derechos de Black Mirror para hacer una segunda temporada. Si tuviésemos que hacer una injusta comparación, por supuesto: Black Mirror supera a Stranger Things en originalidad y guión. A diferencia de ésta, aquella está buscando nuevos horizontes en la ciencia ficción a partir del estilo de vida de nuestra era, en la que la atención popular por los horizontes sin límites no está en el espacio, sino a través de las pantallas. Pero esa acotación no está peleada con reconocerle sus grandes dotes a Stranger Things. Y uno nunca sabe: la segunda temporada quizá haga que me arrepienta de algunas de estas líneas. Ya veremos.