¿Qué sigue después del “Besatón”?

Ya se ha escrito mucho sobre el tema. Y esto no lo digo como algo negativo. Al contrario. Si bien es un tema siempre presente, existen puntos de pique en el que la coyuntura nos hace regresarlo al centro de la atención mediática. Qué bueno que ha vuelto a ocurrir. Y sobre todo, con voces que públicamente han abordado el tema a través de artículos de opinión que no tienen desperdicio: comentarios del maestro en estudios humanísticos Antonio Salgado Borge, el guionista Manuel Escoffié Duarte –si no creen que es objetiva mi alusión, favor de leerlo-, el antropólogo Rodrigo Llanes Salazar y el sacerdote Raúl Lugo Rodríguez, por mencionar algunos ejemplos. Ellos y muchos otros –desde su trinchera, profesión y realidad- han recordado esta semana los motivos para apostarle al reconocimiento de los derechos de la diversidad sexual. Estando ya esos valiosos puntos y comas, quisiera proponer la siguiente pregunta: ¿qué sigue después del sábado 10 de septiembre?

Fotografía: Colectivo MWAK (Yucatán)

La pregunta parece ambiciosa. Lo es. Para llegar a ella debemos primero plantearnos si sirvió “de algo” el Besatón realizado en Mérida como respuesta a las marchas del Frente Nacional por la Familia. Pongo entre comillas porque nunca he entendido a qué se refiere la gente cuando dice que una marcha o cualquier otro tipo de manifestación sirvió o no “de algo”. Pareciera que, cuando existe una iniciativa de ese tipo, toda la posibilidad de cambio es depositada sobre sus hombros. Si todo siguió igual, fue un fracaso. Si el cambio inmediato y contundente se alcanzó, entonces no fue un desperdicio. ¿De qué sirve manifestarnos?

Los derechos no se consiguen en el Drive Trhu de comida rápida. Los derechos son procesos. Son semillas que quizá nunca vamos a ver germinar, pero que sabemos que tenemos arrojar. Porque no hacerlo sería ser incongruentes con nuestras creencias. Pondré un ejemplo histórico: las críticas que hoy se le pueden hacer a la figura presidencial no serían posibles sin el movimiento de 1968 y el movimiento de derechos humanos que surgió durante la Guerra Sucia que asedió nuestro país durante los 60’s, 70’s y 80’s. Hay más ejemplos, pero el punto es el mismo: todos estamos parados sobre derechos por los cuales no luchamos personalmente. A veces se nos olvida.

Insisto en que los derechos son procesos constantes. Bajo esta idea debemos enmarcar lo ocurrido este sábado 10 de septiembre para identificar cuáles deben ser los siguientes pasos.

Breve historia el movimiento por la diversidad sexual en Yucatán

El Besatón no iba a definir nada. Creo que nadie esperaba que al día siguiente el Congreso de Yucatán agendase un periodo extraordinario de sesiones para aprobar el matrimonio homosexual. No se logró eso, porque no era su objetivo. ¿Cuál era entonces? Para responder esto, vale la pena recordar el verdadero origen del Besatón.

En 2003, se convocó a la primera marcha del orgullo gay en Mérida. No faltó la oposición tanto de autoridades como de la sociedad. Pero se realizó, a fin de cuentas. Desde eso, cada año ha tenido lugar. Cada vez con mayor participación.

Fotografía: Jaime Francisco Solís Medina

En noviembre de 2008, un grupo de organizaciones de la sociedad civil en Yucatán hicieron pública una iniciativa para modificar el Código Civil del Estado de Yucatán (que en ese entonces regía la organización del matrimonio y el concubinato) con el objetivo de reconocer el matrimonio y el concubinato para las parejas compuestas por dos personas del mismo sexo. En respuesta, grupos conservadores presentaron una propuesta “a favor de la familia”, la cual tenía como objetivo incluir en la Constitución Política del Estado de Yucatán la definición de matrimonio y del concubinato como uniones entre “un solo hombre y una sola mujer”.

El 14 de julio del 2009, por mayoría absoluta, el Congreso del Estado de Yucatán aprueba las reformas “a favor de la familia”, incluyendo en el Párrafo Segundo y Tercero del artículo 94 de la Constitución Yucateca las definiciones de matrimonio y de concubinato que hasta hoy día persiste. Por cierto el entonces diputado local Renán Barrera Concha, al tomar el micrófono durante los debates en el Congreso, dijo que por motivos como el matrimonio entre homosexuales “Dios había destruido Sodoma y Gomorra”.

El 21 de diciembre de 2009, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la reforma del artículo 146 del Código Civil de dicha entidad para permitir el matrimonio homosexual, teniendo como principal efecto un amplio debate a nivel nacional en relación al tema. En Mérida se empezaron a juntar firmas a favor y en contra del matrimonio homosexual para ser presentadas ante el Congreso.

El 5 de agosto de 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación emite sentencia en la cual reconoció la constitucionalidad de las reformas adoptadas en el Distrito Federal relativas al matrimonio homosexual. Posteriormente, la la Suprema Corte de Justicia de la Nación cambió de tono diciendo que no sólo era constitucional permitir el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, sino que sería inconstitucional prohibirlo.

En 2013, entra en vigor el Código de Familia para el Estado de Yucatán, el deja sin vigencia todos los artículos en materia familiar en el Código Civil del Estado de Yucatán. El nuevo Código de Familia incluye en sus artículos 49 y 201 la definición de matrimonio y de concubinato como la unión “entre un hombre y una mujer”, manteniendo la exclusión hacia otras formas de familia.

El 26 de marzo de 2013, una pareja yucateca compuesta por dos hombres presenta un amparo en contra del artículo 49 del Código de Familia que les prohibía casarse. El Juez declaró que el artículo 49 del Código de Familia de Yucatán violaba la Constitución y los tratados internacionales, por lo que ordenó al Registro Civil celebrar su matrimonio. Para 2014, en Yucatán había al menos 24 parejas homosexuales que lograron casarse por vía de amparo.

Fotografía: http://www.animalpolitico.com

El 31 de octubre de 2013, un Juzgado Mixto de lo Civil y Familiar en Yucatán reconoció por primera vez en la historia el concubinato entre dos hombres. El concubinato es una unión de hecho que genera todos los derechos de un matrimonio y que puede ser incluso reconocida después de la muerte de una de las personas.

El 17 de mayo de 2014, las organizaciones no gubernamentales de Yucatán presentaron ante el Tribunal Constitucional del Estado de Yucatán una demanda de acción contra omisión legislativa en contra del Congreso del Estado de Yucatán por haber violado los derechos de las parejas homosexuales a contraer matrimonio. Sin embargo, el 2 de marzo de 2015, el Tribunal Constitucional del Estado de Yucatán declaró improcedente la demanda y decidió no entrar al análisis de fondo. El caso está actualmente ante instancias federales.

En julio de 2015, una pareja compuesta por dos mujeres ganó un amparo que les permitió registrar a su hijo ante el Registro Civil. El menor se convirtió en la primera persona de Yucatán en ser legalmente registrada con dos mamás, creando un precedente importante para la entidad.

¿Cuál fue el sentido del Besatón? ¿En dónde estamos parados hoy?

El Besatón de este sábado no puede ser entendido sin toda esa lucha de más de 13 años. En 2003 o 2008 hubiese sido impensable que homosexuales, lesbianas y heterosexuales saliesen juntos a manifestarse a favor del matrimonio homosexual. No era un escenario a consideración. Ya no hablemos de lo que representaba o sigue representado para un homosexual o lesbiana salir del closet. El peso social –y familiar- de decir que un heterosexual apoyaba la diversidad sexual, era mucho mayor que el que persiste hoy día. El apoyo era tímido y discreto. Porque todos creían ser una minoría por demás ínfima.

El Besatón representó la culminación de un nuevo capítulo en este largo proceso. Los heterosexuales pudimos salir del closet. Ya sea en la marcha o en redes sociales. Cada vez más, en Yucatán la lucha ya no es únicamente de homosexuales y lesbianas. Es una lucha de un sector cada vez mayor de la sociedad a la que le afecta directa o indirectamente la creencia de que existe un escalafón de derechos para las personas.

Me parece que lo ocurrido en el Monumento a la Patria este sábado 10 de septiembre fue, quizá sin quererlo, una celebración a un proceso que nos supera a todos los que hoy participamos en él. Cada discusión en redes sociales, en reuniones con amigos, en foros académicos y en procesos judiciales han ido dando fruto. Tan es así que Renán Barrera Concha, cuando ejerció como Alcalde de Mérida, terminó creando una dirección municipal para combatir la discriminación a la diversidad sexual. Porque en pocos años llegamos a otro escenario local. De ser “Sodoma y Gomorra” pasamos a ser una ciudad que poco a poco ha ido reconociendo la importancia de abordar la discriminación. Vaya que ha valido la pena, aunque aún falte mucho.

Fotografía: Colectivo MWAK (Yucatán)

El movimiento es importante porque toca una fibra muy sensible en la estructura social de Yucatán: creer que hay jerarquías de formas de ser. Cuando cuestionamos la discriminación hacia la diversidad sexual, estamos implícitamente cuestionando raíces. Históricamente, Yucatán se ha formado a través de la idea de “nosotros” y “los otros”. Discriminación contra indígenas mayas, contra indígenas migrantes, contra mujeres, contra creyentes de religiones distintas a la católica, contra gente de otros estados del país, contra personas divorciadas, contra la gente de otras poblaciones del estado, entre otros. Cuando decimos “todos tenemos derecho a los derechos” en verdad debemos incluir a todos.

Continuando la lucha: ideas para planear lo que sigue

Después de esta inevitable reflexión, seré muy breve en el objetivo de este artículo. Quisiera dar algunas ideas sobre lo que debe seguir, con la intención de que, así como el Besatón, las convirtamos en algo común.

Por un lado, la inexistencia de un organismo local que sea análogo al Comité Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (CONAPRED). Aquí vale la pena algunas explicaciones. La CONAPRED es una institución para combatir la discriminación cometida por autoridades federales y por particulares. El juicio de amparo es muy limitado para ir contra particulares. Esa es una de las virtudes que ofrece el sistema de denuncias de la CONAPRED. Sin embargo, no sólo no existe delegación de la CONAPRED en Yucatán, sino que sus mecanismos no pueden usarse contra actos de autoridades locales. Esto es porque, en teoría, cada estado debería tener un organismo similar. En teoría.

Existe una Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación en el Estado de Yucatán que contempla la existencia de una especie de CONAPRED local. Sin embargo, sólo existe en el papel. El organismo no existe en la realidad. No tiene presupuesto, ni personal, ni director, ni sede. En un artículo publicado aquí en Polis.mx, Juan Pablo Galicia informó que solicitó al Gobierno de Yucatán información al respecto. La respuesta fue, en pocas palabras, que no existía porque no se necesitaba en Yucatán, debido a que las autoridades abordaban ya el problema.

[Para leer el artículo de Juan Pablo Galicia, haz click aquí]

Lo anterior no es cosa menor. Debemos exigir la existencia de un organismo local análogo a la CONAPRED para contar con más herramientas para ir desmantelando la discriminación en contra de la diversidad sexual.

Por otro lado, es indispensable abordar los derechos de las personas transexuales. Mucha gente que apoya el matrimonio homosexual –incluyendo homosexuales y lesbianas- conserva discursos de menosprecio hacia las personas transexuales. La Constitución de Yucatán establece en su artículo 2 que está prohibida toda discriminación por “identidad sexual”. Esto no está de manera explícita en los tratados internacionales de derechos humanos o en la Constitución Federal. Pero en la Constitución de Yucatán sí. Sin embargo, no existe actualmente un procedimiento para el reconocimiento de cambio legal de sexo ante el Registro Civil.

¿Qué hacer con esto? Pensemos. Es verdad, la lucha por lo más básico –el matrimonio y el concubinato- no ha terminado. Estamos aún en el camino. Pero llevar una lucha no implica no poder atender las otras. Al contrario, es mejor llevarlas a la par. Debemos recordar que el problema de raíz es siempre el querer juzgar y excluir al que posee una forma de ser y de vivir distinta, olvidándonos por completo del ser humano que es. Pero creo que Yucatán –como todos los estados de México, como todos los países de América Latina y del mundo- nos merecemos más. No se trata de negociar a cuotas la igualdad.

El camino es largo. E insisto: esto es así porque los derechos son procesos. No son gracias divinas que caen de un día para otro. Pero es un camino que vale la pena impulsar y por el cual hay que apostar. El Besatón es un ejemplo. Porque hace cinco, diez, quince años era impensable. Ese fue su objetivo: demostrarnos que lo que sigue es seguir, valga la redundancia. Porque la discriminación nos afecta a todos. Independientemente de nuestro sexo, orientación sexual o identidad sexual o lo que sea.

Fotografía: Colectivo MWAK (Yucatán)