En memoria de José Luis Rey

"¿¡Qué?!"

El hombre que fue una escuela entera itinerante

De mi padre: como funciona el mundo, para no joder ni que te jodan.

De mi madre: como usar las palabras por escrito y voz, siempre lo correcto.

De JLR: al menos la mitad de lo que he aprendido profesionalmente.

Incansable profesor las 24 horas del día, dispuesto a compartir todo lo que sabía a quién estuviese dispuesto a escuchar. Eterno aprendiz de todo lo que despertara su curiosidad. Si había un método eficiente, él quería saberlo o desarrollarlo, para después compartirlo. Desde sacarle el vapor a una empanada caliente hasta ejecutar pruebas de carga con Erlang.

Debian, Perl, ITIL, tsung. Mi día a día tiene constantes recuerdos de JLR y su poder de análisis. Su capacidad para visualizar casos de borde, aplastar diseños pobres y demostrar su razón, lo hacían excelente compañero en el trabajo y un rudo oponente al momento de la crítica.

Todo acompañado por el carisma de sus anécdotas sobre el rocoto en Bolivia, los vuelos de parapente en Colombia, el orden rígido de Suiza y el caos vehicular de la India.

Reconocido por su franqueza, otorgaba el beneficio de la duda como la norma para comenzar el debate y desde allí verificar cada caso imaginable.

Su confianza y apoyo constante hicieron de mi, el profesional que soy.

Que triste ya no poder recibir sabiduría de su viva voz.

Hoy lo recordé una y otra vez, hasta toparme con su aguda risa en mi subconsciente, esa que lo dejaba sin palabras y después sin aire.

Recordé que vivió con intensidad y recientemente era un maestro del "no positivo", para evitar la polémica y dedicarse a disfrutar de su tiempo. Lo último que me dijo es clara evidencia de este proceso:

llevo un mes q no paro, estaré en la playa hoy

Un personaje que siempre me inspiró, en medio de tantas situaciones decepcionantes y un país que menosprecia el intelecto. Me queda un vacío en ese sitio que algunos llaman alma, pero trato de convertirlo en valor y motivación para (como él) hacer lo que quiera, cuando quiera.

Pienso en todo lo que le agradezco y veo con claridad su sonrisa al recibir un merecido cumplido a su genialidad. Al irme de Venezuela, nunca pensé que sería ese el último abrazo que le daría. En la distancia implacable que me separa de todos los que lo extrañan ahora y lo vieron partir ayer 2 de Julio de 2015, vivo y revivo al azar cada una de sus enseñanzas. Gracias JLR.

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