Le Mépris (El Desprecio)

Cuando los escritores hacen referencia al bloqueo creativo generalmente usan argumentos como “La línea parpadeante del editor de texto me asustaba” o “sabía que debía escribir algo, pero no lo sentía, no fluían las palabras.” Intentar llevar a cabo el reto personal que me tracé hace un par de semanas se ha sentido de manera similar.

Laptop, televisor, reproductor de video y la primera película de la lista esperando ser reproducida. Pero algo me detenía, siempre terminaba viendo algo menos desafiante y más accesible. Me preocupaba el no comprender tan elevada obra de arte, pero me asustaba aún más no ser capaz de disfrutarla.

Mis miedos quedaron atrás.

Ya hace un par de días que vi Le Mépris, la primera película de la lista, y puedo decir que es de ese tipo de películas que se queda contigo por mucho tiempo. He pensado mucho en sus argumentos, pero para mi sorpresa hay tan poco que puedo decir sobre esta. He empezado a inclinarme por la idea de que mucho del cine de culto o críticamente aclamado más que obedecer a esquemas narrativos se centra en emociones y sensaciones. Es más sobre lo que te hace sentir, lo que te puede regalar y lo que te permite conservar.

Le Mépris, es una película que con poco te hace sentir mucho, eso es contradictorio si se tiene en cuenta el presupuesto con el que el director contó para la realización del film, pero es tan simple y a la vez tan profundo como Godard deja que la cámara repose contemplando la inmensidad del mar mientras la música despierta emociones desconocidas, no descubiertas, pero que estaban ahí.

Paul (Michel Piccoli) es un ex-novelista, ex-dramaturgo convertido en guionista, que es contratado por un productor de cine para escribir algunas escenas de una película basada en La Odisea de Homero que el mismisimo Fritz Lang está dirigiendo. Paul se encuentra con un dilema al no poder decidir si entregarse completamente a su pasión por el teatro o perseguir una estabilidad económica que le permitiría pagar por un apartamento y de esta manera complacer a su hermosa esposa Camille (Brigitte Bardot). Curiosamente, en ese momento, Godard estaba luchando con ideas similares ya que quería seguir siendo fiel a su arte mientras apelaba a un público más amplio, lo que finalmente le otorgaría un mejor estado económico. Sin embargo, falló. Le Mépris fue un fracaso en taquilla. No obstante, Godard fue capaz de hacer una verdadera obra maestra del cine.

En el tercer acto visitamos el hogar de los protagonistas, su cotidianidad y su lucha, es todo tan natural, tan perfectamente elaborado y presentado que por momentos puedes olvidar que estás viendo una película y experimentar la situación que poco a poco los agobia. Es posible casi que palpar las emociones de la pareja. Es simplemente maravilloso.

Hay también un aspecto casual que se relaciona en menor grado con el film como tal. Godard es más cinéfilo que director, esto le permitió integrar su desmedido amor por el cine en sus películas y Le Mépris no es la excepción. El cine mismo es una parte fundamental de la película en cuestión, en varios pasajes Godard no sólo critica el estado de la industria del cine de la época, también lo exalta como un arte sublime, esto es tal vez la mejor parte del inicio de este desafío personal, pues su pasión me mueve a seguir en búsqueda de verdaderas gemas del cine. Le Mépris es en mi opinión un excelente comienzo para alguien que quiere sumergirse más en un arte tan maravilloso.

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