17. Les choses sont bizares

Demore en escribir este capítulo porque me puse a reflexionar en las personas que se han ido alejando, dejándome o no alguna enseñanza, algún dolor. Prácticamente descubrí que muchas personas se han dado la vuelta y no vuelvo a cruzar palabras con ellas, no es porque hayamos tenido un problema en especial o porque se hayan cambiado de casa o de ciudad, más bien ese ciclo termino y de pronto ya no teníamos algo en común, las personas llegan y marcan tu vida de cierta manera, si corres con suerte podrán estar a lo largo de tu camino, pero si ya se cumplió ese ciclo no hay más y aunque uno quiera ya no puede permanecer.

Descubrí también que la mayoría de las personas que aleje o que se alejaron eran colegas o ñeros (ñero de compañero) de fiestas y nada más, colegas que solo nos unía meramente trabajos escolares o freelance.

Repasé e hice memoria, y solo hay una persona que debo mencionar, porque realmente era mi amigo, o así lo creí, en su momento lo fue. Lamentablemente ese amigo no veía como amiga y los conflictos comenzaron a surgir.

Claro era que yo le tenía un cariño inmenso y que en algunas bastantes ocasiones lo anteponía para mi relación, yo me sentía incondicional realmente con él aunque no asistiera a sus fiestas de cumpleaños que algunas ocasiones hacía, y por supuesto que él tampoco asistía a las mías, y en lo que llevó de conocerlo jamás me ha felicitado en mi cumpleaños, en fin platicar con él era realmente agradable, debates, pensamientos, coincidencias, hablar de la escuela, de cosas personales, de películas, libros, era tan agradable hablar con él que el regreso a casa no era suficiente, al llegar a casa después de cenar nos conectábamos y la platica seguía, fluía.

No recuerdo exactamente qué sucedió pero aquello hizo que abandonara el grupo, a mis demás amigos que había hecho y decidí cambiarme, esa estancia solo sirvió para alejarnos más, nos dejamos de hablar, de saludar y así como entro a mi vida: en un regreso nocturno de Acatlán salió así de fácil, intentamos un año más tarde, no una vez sino miles de veces que todo siguiera igual, que la platica fluyera, sentía que de mi parte funcionaba pero era imposible por su parte, siempre esperaba algo más.

A demás de que en ese lapso de separación sentí que cambió mucho, o quizá la que cambio fui yo… A pesar de todo ello, él era de esas personas que yo quería tener a mi lado, tal vez egoísmo de mi parte pero siempre lo considere una persona sumamente especial aunque tal vez nunca lo supe demostrar, el día que papá murió fue a la única persona que yo quise avisarle personalmente, y a pesar de que no asistió ni al velorio, ni al sepelio, ni tampoco a ninguna de las misas que se le hicieron, no fue motivo para que me enojara con él. Me costó trabajo entenderlo y aceptarlo aunque me dolió, la amistad ya estaba afectada por un montón de cosas atrás y aunque la platica seguía ya no era igual.

Salimos de Acatlán y nos vimos pocas veces después, platicábamos, reíamos pero en el fondo sabíamos que las cosas ya no eran iguales, había cierto dolor pero también esperanza para que eso se salvará, o al menos de mi parte.

Tarde un montón en descubrir que esa chispa se había perdido desde tiempo atrás, y que el interés había disminuido, no me interesaba hablar con él ni tampoco verlo y eso afectó más porque entonces los reproches vinieron en seguida, y eso me cansó.

Lloré mucho porque supe lo que era perder una amistad, lloré porque comprendí también que todos tomamos rumbos distintos y que difícilmente puedes permanecerte igual con esa persona, que los intereses cambian y finalmente descubrí que quizá nunca fuimos amigos pero que así lo considere durante mucho tiempo, y por último acepte que el ciclo que tenía con él había terminado.

Esta es la decimoséptima entrega del ejercicio anti-poético propuesto por Javier Molinero.