19. Resistant

Cómo paso los días cuando me enfermo.

Recuerdo claramente que cuando era niña, veía que mi mamá inyectaba a las personas (mi mamá es enfermera), y me gustaba como preparaba la inyección, algunas veces jugaba con ella a que yo estaba enferma y me tenía que inyectar. Nunca me dolían sus inyecciones porque claro que no lo hacía, solo me daba un pequeño pellizco y me decía ¡listo! yo siempre le decía que no dolía, y ella contestaba: “es que eres muy macha” y yo me sentía soñada, y me la pasaba diciendo a todo el mundo que las inyecciones no me dolían.

Un día de verdad me enferme, tenía calentura para el colmo y mi papá me pregunto que si quería que me inyectarán, yo (experta en el tema) alegremente dije que sí, corrí a la cama y me acomode para que mi mamá lo hiciera, entonces cuando sentí el piquete de verdad grite y llore como loca, al terminar le reclame a mi mamá que porque esta vez me había dolido la inyección si todas las veces pasadas no sentía nada. Fue cuando descubrí que nunca me inyectaba. 😑

La verdad es que casi no me enfermo, soy de buenas defensas (o eso creo) pero cuando me da alguna infección (normalmente siempre es de la garganta o por gripe), me da fiebre muy fuerte, de 38º o 39º de temperatura, y cuando era pequeña a veces alucinaba, principalmente con arañas.

Papá y mamá se la pasaban cuidando de mi y en las noches dormían a mi lado, para darme las pastillas correspondientes, tomarme la temperatura y cuidar de que no me tapara demasiado.

Con el tiempo deje de temer a las arañas, y también a las inyecciones, mamá me sigue cuidando y apapachando, pero evidentemente ya no duerme a mi lado, más bien yo pongo mis alarmas para tomarme mis medicamentos, soy consciente y procuro no taparme mucho.

No soy de faltar a mis deberes por la enfermedad al menos de que sea estrictamente necesario. Eso sí cuando me quedo en cama me la paso pensando, reflexionando y normalmente lloro.

Creo que no me dejo vencer ante una gripe o infección, me gusta luchar (aun que sea muy quejumbrosa, pero lo hago para que me consientan jeje) y procuro no hacer mucho caso a mi malestar.

Lo que sí me tumba horriblemente son las ¡crudas! y es cuando me repito: “No lo vuelvo hacer de verdad” nunca funciona… no puedo comer ni beber nada por que de inmediato lo vómito, Ernesto me da mil tips para que se me quite pero ninguno funcionaba, hasta ahora que descubrí uno: Comer azúcar como loca, ya sea mermelada, miel, lechera, lo que sea dulce.

Nos quedamos en casa, vemos una película y Ernesto va a la tienda a traer botanas y jugos se sienta a mi lado, yo subo mis pies en sus piernas y vemos tranquilamente la película, aunque la mayoría de las veces él se queda dormido en mi hombro.

Odio tener cruda, pero sin duda lo mejor de ello, son la atenciones que tienen conmigo, tanto mamá como Ernesto.


Esta es la décimo novena entrega del ejercicio antipoético propuesto por Javier Molinero.

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