23. Y NO

No es que no me gustara, solo que yo tenía novio. Montiel era demasiado inteligente, de buen gusto musical, un artista para ilustrar, retraído y de pocas palabras, no imagino el valor para decirme esa tarde que le gustaba y que por ello ya no quería tener ningún tipo de relación conmigo, antes de que dijera algo se dio la vuelta y se fue. Me sentí mal porque lo apreciaba y me gustaba platicar con él de todo un poco. ¿Quién rechazo a quién?


Siempre lo vi como mi amigo, nunca lo mire con ojos de algo más, aunque me insistió dos tres veces siempre era la misma respuesta, me pesaba rechazarle porque lo estimaba pero siempre preferí ser sincera. Yo cambié de turno a la mañana junto con 3 amigas más, nos distanciamos y nos dejamos de hablar, saliendo del cch nos re-encontramos en la universidad, yo con la sorpresa de que había estudiado arquitectura y él con la misma ilusión del cch… Por supuesto, no volvimos a tener contacto.


Odiaba su presencia, me caía mal su actitud, y despreciaba groseramente cada una de sus atenciones. Era arrogante, usmeaba la laptop en la que trabajaba y así es como daba con mis gustos musicales y con mi perfil de Facebook. No me acosaba, o mejor dicho no me dejaba, rechazaba sus detalles y sus regalos hasta que le di las gracias por la oportunidad de trabajo y me marché.


Esta es la vigésima tercera entrega del ejercicio antipoético propuesto por Javier Molinero.

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