32. Recuerda un lugar feliz de tu niñez.

Sonrío cada que recuerdo mi niñez, fue alegre y feliz. Mis padres se esforzaron siempre por brindarme lo mejor, jugaban conmigo, tenía mucho amor y atención.

Recuerdo las veces que íbamos de visita a los pueblos de mis abuelos paternos (Amecameca por parte de mi abuela, y Huixquilucan- dos ríos por parte de mi abuelo) la mayoría de las veces ibamos en día de muertos, para que a su vez ellos visitaran a sus familiares fallecidos.


En Dos ríos, después de la misa se acostumbra invitar a todos a comer, a veces lo hacíamos en el panteón y otras veces íbamos a una casa cerca de algún familiar, recuerdo el verde pasto, el cielo y las nubes, caminar y jugar sobre el río me hacía inmensamente feliz, me gustaba explorar cada rincón junto con mis demás primos, caminar sobre las piedras para cruzar el río, correr para alcanzarlos y después sentarnos frente a una gran piedra para ver a todos los demás jugar con la cristalina agua del río.

Las retas que hacían mis tíos y primos, en la enorme cancha de tierra, y ver a mi papá reír, el regreso en el autobus que se rentaba para toda la familia, todos felices cantando, yo mirando los paisajes nerviosa y con miedo de que en alguna vuelta nos fuéramos a volcar.


Los tamales de chocolate de el mercado del centro de Amecameca, las cuatrimotos, el gran árbol de nuez y papá arriba para tirar todas las que se pudieran, y después esperar a que les rompiera el cascaron y después quitarles la cascarita, una deliciosa nuez blanca salía, era un reto que quedaran enteras, me hacía feliz las veces en las que coincidimos con la feria del pueblo.

Que infancia tan verdaderamente hermosa viví.


Esta es la trigésima segunda entrega del ejercicio antipoético propuesto por Javier Molinero.

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