22. NO
La amistad puede convertirse en amor. El amor en amistad. . . Nunca. (?)
…No me volvió a llamar, le escribí algunos mensajes y nunca respondió. Entonces supe que eso se había terminado. Lo que más me desconcertó fue la manera tan simple en la que se marcho. Sin decir adiós, sin decir una palabra.
Yo planteaba el punto de estar juntos, la respuesta fue sencillamente que no funcionaría y que de momento estábamos bien así, y que si en algún momento alguno llegaba a decir “Te amo” esto se acabaría. Me beso y se fue. Claro era que sentía que lo amaba y pensé que estaba en grandes problemas, pero confíe en que las cosas se iban a dar.
Al día siguiente llegue con una sonrisa en los labios, y al verlo fue normal, me saludo de beso en la mejilla, pensé que estaba apenado conmigo y que no se atrevía a volverme a besar, termino la clase y él se sentó en la banca frente al salón, yo tenía una junta para llegar acuerdo con los planes de la materia. De ves en ves volteaba para corroborar que seguía ahí, pero en una de ellas lo vi marcharse, pensé que iba por un cigarrillo.
La junta termino, corrí a la banca dónde estaba con sus amigos y al preguntarles por él respondieron que se había ido. Fue cuando supe que no le interesaba en lo más mínimo y que eso era completamente un rotundo rechazo.
Actuaba conmigo como si nada hubiera pasado y pretendío seguir con la absurda idea de ser amigos.
Se excusó años después con el pretexto (?) de que no estaba preparado para estar con alguien. Y que lo lamentaba mucho, yo deje de lamentarlo con el tiempo.
Él era un chico de tercer grado y a varias les gustaba, era alto moreno, delgado, sonrisa linda y ojos cafes claros, nada fuera de lo normal ahora que lo recuerdo con detalle, pero en su momento era uno de los chicos más guapos que conocía sino es que el más guapo.
Recuero que un día me arme de valor y le hable, fue directa y le dije que me gustaba y que me gustaría conocerlo un poco más para ver que sucedía, el pelo los ojos y me miro asombrado, y me dijo que no, así tal cuál sin tapujos y sin rodeos. Yo me quede paralizada y simplemente le dije ok, me voltee y me fui con la cara muy en alto, pero la verdad es que unas pequeñas lagrimas salieron de mis ojos mientras caminaba. Lo supere más rápido de lo que imaginé.
Cada rechazo me dolió de cierta manera, pero lo que pude descubrir en mí, es que en cada uno de ellos me volvía mucho más insistente, como para comprobarme a mí misma que sí podía, como para no afectar al ego que llevamos dentro.
Esta es la vigésima segunda entrega del ejercicio antipoético propuesto por Javier Molinero.