De una chica enamorada.

A veces me pregunto por qué la vida tiene que ser una ironía.

Jamás he sido alguien a quien le guste ser observada o llamar la atención, me gusta socializar pero no ser la típica chera tonta que se ríe con todos y no tiene nada de que hablar. Me gustan esas conversaciones profundas, llenas de contextos y palabras nuevas, me gusta aprender de las personas, sus expresiones, su mirada, sus gestos.

Pero hay algo en todo esto que no me gusta… querer ser observada por una persona. Una sola persona. Es que no concuerda con mi estilo de vida, no va conmigo, no quiero que sea así…

Aparece este tipo en un lugar tan común como un comedor, un día común a la hora del almuerzo y se convierte en lo mejor que han visto mis ojos. Aun ahora, luego de un año de haberlo visto por primera vez, me sigue pareciendo un ser extraordinario.

He intentado acercarme a él desde entonces, un paso a la vez, logrando cosas que jamás pensé lograr, queriendo cada día un poco más y sintiendo como se va mi vida a través de sus ojos.

Escribo sobre esto porque ya no puedo tenerlo más en mis adentros. Cada una de las sensaciones que he experimentado junto a él son nuevas para mi, una persona fría y sencilla, que no ha tenido nunca la necesidad de esforzarse por conseguir estar con alguien. Y es quizás por esta razón que me siento extraña ahora, que me ha tocado estar del otro lado, darlo todo, arriesgarme por un pequeño recuerdo y perder la pena.

Me siento bien, sabiendo que al fin he logrado estar del otro lado, dando todo de mi para hacer feliz a alguien; y, a decir verdad, valoro más todos los esfuerzos que los hombres deben hacer para conquistarnos.

Pero la triste realidad es que esta persona no siente nada hacia mi, le soy indiferente y cada logro para mí, es un simple momento para él. Cada momento que comparto a su lado, cada vez que leo su nombre en mis notificaciones, cada sonrisa, cada mirada, cada abrazo para mí es como sobrepasar mis límites, pero para él es un simple gesto de una simple persona.

No me arrepiento de esta experiencia, ni de cada cosa entregada porque considero haberlo hecho desde el corazón. Simplemente quisiera que notara que es el afortunado de poseer mis pensamientos y sentimientos, y que estaría dispuesta a mucho por verlo feliz.

Una mujer debe ser libre de expresar sus sentimientos por un hombre, tal como los hombres hacen a diario, sin ser considerada una chica fácil o desesperada, al contrario, si nos basamos en el valor de enfrentar a la persona que quieres, todos nos doblegamos ante los nervios, la inseguridad y los miedos.

Lo quiero demasiado y no quiero olvidar cada sensación ni cada momento invertido en él. Porque jamás volveré a sentirme igual.

Y quizás algún día tenga el valor necesario para decirle todo esto. Por el momento soy feliz viviendo este cúmulo de emociones incontrolables.