Y que el Principito nos bendiga, amén.
Loraine Rosado Pérez
142

Precisamente hoy, mientras me preparaba el desayuno temprano en la mañana, encontré una edición de El Principito que no había visto antes. Me senté leerlo y cuando di con esta nota estaba por la parte en que el Principito llega al cuarto planeta. Siempre se me olvida que siempre me espanta el parecido que guardo con el hombre que pasaba los días contando — y creyendo poseer — un número impreciso, por ser infinito — de estrellas. Aquí la cita:

“Hace cincuenta y cuatro años que habito este planeta, y no he sido molestado más que tres veces. La primera vez fue hace veintidós años por un escarabajo, que había caído Dios sabe de dónde. Hacía un ruido espantoso, por ello cometí cuatro errores en una suma. La segunda vez fue hace once años, por una crisis de reumatismo. Me falta ejercicio. No tengo tiempo de vagar. Soy muy serio. La tercera vez… hela aquí” (51–52).

Me espanta porque tendemos — o, al menos, yo así lo hago — a tomarnos la vida tan en serio, que luego se nos pasan los años enfocados en actividades que son las de menor importancia. Pasamos la vida frente a un escritorio o siendo “serios” … ¿Para qué? El Principito hace bien en cuestionarle sus acciones al hombre de negocios, así como nos hace bien darnos cuenta que cuando nos convertirnos en ese personaje, nos condenamos. Perder de vista las cosas que realmente importan — lo verdaderamente esencial — hace que perdamos de vista las razones por las cuales vale la pena estar vivo.

Antes de culminar, te recomiendo que leas — si aún no lo has hecho — La noción de gasto de Georges Bataille. Es un ensayo sobre las nociones de la utilidad en nuestra sociedad definida primordialmente por lo tangible de la “productividad”. Es un texto teórico que leí en clase y me enganchó. El Principito reta sus ideas.