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No es que para tener una relación respetuosa contigo, deba entender todo o decirte todo a la vez, o que pueda saber de antemano todo lo que yo necesito decirte. Significa que la mayor parte del tiempo estoy impaciente, añorando la posibilidad de decírtelo. Que estas posibilidades pueden asustarme, pero no destruirme. Que me siento lo suficientemente fuerte para escuchar tus palabras de tanteo y vehemencia. Que las dos sabemos que estamos intentando, todo el tiempo, extender las posibilidades de confianza entre nosotras. Las posibilidades de una vida entre nosotras. Fragmento de “Mujeres y honor: Algunas notas acerca de la mentira” de Adrienne Rich

Es lo primero que te enseñé de una de mis poetas favoritas. Yo la estaba traduciendo y te lo compartí, emocionada. Permaneciste en silencio. Yo insistí. Quería que entendieras cabalmente mi versión. Conforme pasaron las palabras, dudé de mi capacidad para trasladarnos de un lenguaje a otro. Me debilité la lengua contigo y no logré hacerme entender. Pasaron semanas. Estábamos en los últimos malentendidos cuando mi interpretación se cristalizó y el error apareció: yo, en realidad, esperaba demasiada realidad de ti.

Dime la verdad.

Es el día más viejo y, por fin, lo he aceptado. El sol no se renovará. Las despejadas nubes de cuando nos conocimos se han cerrado. El invierno se robará la calidez y añoraremos la luz. Nosotras ya no seremos.

Nunca me la dijo, pero se repetía tanto que parecía ser de verdad.

Ahora lo confieso. Escribo que me dispuse a amar a esta mujer. Amar hasta sus mentiras. “Una conversación empieza con una mentira”. Pensé que había encontrado la palabra perfecta para un poema de amor. Y que esa palabra era ella. “Un poema puede empezar con una mentira. Y romperse”. Ella me hizo quererlo todo. Y también ella destruyó lo que pudimos amar. “Este poema es una verdad y esa verdad es lo que nos ha destruido”.