Mi Paciencia.


«Del apuro solo queda el cansancio» reza un dicho.

Del querer las cosas para ayer no queda nada más que eso, el cansancio, además de la imposibilidad de disfrutar lo que se hace.

He reflexionado sobre la paciencia, cosa que siempre imploro en mis momentos más estresantes, sobre todo, como mamá.

Puedo hablar de mi paciencia, muchos la han confundido con la tolerancia, con la resignación o con el silencio y ninguna de esas tres cosas la definen.

La tolerancia es una relación de poder entre el que pide ser tolerado y el intolerante y la paciencia no es de ninguna forma coercitiva, por lo menos no para mí.

La resignación es también aceptación «con paciencia» según algunas definiciones, pero no es sinónimo porque al final la resignación es aceptar que no se puede hacer nada por la causa.

Y la peor, el silencio, el no decir nada sobre aquello que nos molesta o nos llena. Ese muro de contención emocional que nos ponemos.

Para mí la paciencia ha sido trabajar duro en el momento preciso, con la gente adecuada y compartiendo las alegrías con los que las entienden y reciben. Es dar pequeños pasos, con objetivos claros y estando al lado de mi familia y de aquellos que como yo, creen que la única manera para que las cosas duren es obteniéndolas con trabajo.

Para mí la paciencia es la clave, es lo que me ha permitido siempre estar y hacer en diferentes tiempos.