Mi utopía

Aquí, cada quien tiene un color, un color único, que no se copia, que no se distorsiona; es eso que nos hace uno y no dos. Sinceridad con uno y con el otro.

En este lugar el ser humano respeta el aire que le dan. Respeta al que no habla su misma lengua, el que no se comporta como el, el que tiene otros principios por su naturaleza.

Se cuenta de las estrellas y el espacio, de los que cantan y de los que bailan, de los que ayudan; de una cosa llamada amor, que conquista todo.

La belleza no se mide por el cuerpo o la cara, ni siquiera se mide, se ve, se ve en el alma de fuego y aire, de respiración y espíritu, algo que se siente valiente y sin miedo. Nadie se engaña con la mentira que más le gusta.

No existen enfermedades sociales, existen poderes en los soñadores porque lo que se respira en la vida huele a arte.

La gente no lee noticias de nota roja y amarillistas porque no existen, leen libros. Libros que atacan a la imaginación para llenar de vida lo que hay dentro de cada quien y dibujar del mañana.

Hay campos llenos de animales, entre ellos están los caballos, libres sin un peso en su espalda; algo que el hombre no carga; galopean y la brisa del aire hace que su caballo baile. También hay pájaros, ellos cantan y contrastan con el cielo. Colores vivos. se crecen arboles y no ejércitos; ellos llenos de vida, altos como edificios, con luces y pastos verdes.

Los humanos no van a creer que un animal vino a estar en un platillo y llamarlo saludable, los humanos no van a creer que él es más superior que el otro, el humano no va a creer que el dinero tiene poderes.

El tiempo es contado en cosas, no en números que se ven cansados .

En este mundo, se disfruta cada canción que te da la vida. Cada imperfección que sale de ti, es un paso a un mundo “perfecto”.

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