Desarmar para armar con pasión

Karin Ibarra
Sep 7, 2018 · 3 min read

Nicole Arancibia Araya (27) trabaja hace 5 años en una empresa de seguridad electrónica, Labee Chile, ubicada en la comuna de Ñuñoa. Esforzada, laboriosa y con muy buena voluntad se desenvuelve día a día reparando cámaras en un laboratorio donde ella es la única mujer técnico electrónico.

Nicole, oriunda de Valparaíso, estudió desde séptimo básico en el Colegio Hispano Americano de Viña del Mar, donde optó la especialidad de Electrónica. Aquí recibió su título a nivel superior de Técnico Electrónico y su primer impulso para seguir indagando en el área de las tecnologías electrónicas. “Siempre tuve interés por conocer cómo funcionaban los equipos y gracias a un profesor del colegio, que a mi parecer era el mejor y llegaba a alucinar con las cosas que él hacía, pude resolver dudas e investigar más allá sobre la electricidad. Así fue creciendo cada vez más mi interés”, recuerda emocionada.

Desde el año 2013 que la “Nico” como la apodan sus colegas, trabaja en Labee y tiene como función hacer la revisión, mantención y reparación a las cámaras Domo del retail. “Me encanta repararlas porque son un invento súper necesario. A diferencia de las otras cámaras de seguridad, esta tiene la capacidad de vigilar en 360°, incluso si todo está oscuro, entonces cuando arreglo una siento que estoy aportando a combatir la delincuencia. Además el cliente queda feliz”.

Cuando Nicole va a las grandes tiendas y ve una de estas cámaras piensa: “Yo arreglo estas maravillas, ¡qué orgullo!”, sonríe.

Solitaria y con una personalidad introvertida disfruta del silencio y de la concentración que requiere su trabajo. “De niña he preferido realizar más cosas sola que en grupo. Por eso siempre me gustó mi pasatiempo, necesitaba de mí y de nadie más: desarmar radios, televisores y walki tallkies, para saber de qué estaban compuestos y si estaban malos me las ingeniaba y los trataba de reparar. Ahora hago lo mismo, pero con cámaras inteligentes”, añade mientras desarma una cámara Domo para ver cuál es el problema de su funcionamiento.

A pesar de ser la única mujer en el laboratorio y consciente de que su actividad no es realizada comúnmente por el género femenino, Nicole siente que con sus compañeros formó un ambiente laboral bueno. “Somos muy unidos, como una familia. No tengo nada que decir de ellos, me respetan y valoran mi trabajo”, aclara. “Al principio me sentí juzgada. Me miraron raro por ser mujer y dedicarme a esto, no confiaron en mí. Pero pasó el tiempo y demostré que soy tan capaz como ellos. Incluso, ahora son muy dependientes de mí. Yo sé dónde está todo, ellos son muy desordenados”, recalcó sonriente.

Pasan los días y no hay quién pare a Nicole. Esta mujer llena de curiosidad, dedicación y amor por lo que hace, se atrevió a pesar de los prejuicios sociales y quiere seguir aprendiendo. No se proyecta de otra manera que no sea con su alicate y sus pinzas en la mano. “La tecnología avanza y más crecen mis ganas de descubrir de qué está hecha. Pero me gustaría dar un paso más y ser yo quien cree algo nuevo”, concluye.

    Karin Ibarra

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    Periodista en formación.

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