Memoria cotidiana

Hace dos años comencé a obsesionarme con el tema de la memoria, fue cuando un grupo de 43 normalistas de Ayotzinapa desapareció y el concepto de desaparición forzada se hizo presente por todos lados, al igual que los Derechos Humanos y diversas ONG que hasta ese momento yo desconocía. También me percaté de que en el caso de aquellas personas que han desaparecido recibe este mismo concepto y que son miles los casos que hay en el país.

Sé que las personas que buscan atemorizar y que quieren el poder, pueden recurrir a estas artimañas. Lo que aún sigo sin comprender es el cómo. ¿Cómo puede ser posible que una persona sea capaz de dañar a otra y, peor aún, borrar todo rastro de su paradero, impidiendo que sus familiares descansen?

Mi mayor sorpresa fue el ver que no eramos el único país que ha pasado por esto. Me enteré de que otros países latinoamericanos habían pasado por lo mismo durante las dictaduras y que un grupo de abuelas ejemplares y valientes se atrevieron a alzar la voz por sus hijos y nietos desaparecidos. Las abuelas de la plaza de mayo ganaron mi aprecio y aumentaron mi interés. Si ellas pudieron plantarse en una plaza hasta que fueron escuchadas y siguen dando con el paradero de sus nietos y con la identificación de los restos de fosas comunes, ¿por qué nosotros no?

Comencé a ver documentales; leer artículos, novelas, testimonios… aún me resulta desgarrador leerlos y saber por medio de éstos sus miedos, angustias y tristezas, frutos de un pasado que aún los acecha, pues temen que vuelva a presentarse.

Ahora estoy leyendo sobre la dictadura de Pinochet, similares pesadillas y víctimas. Pero el cómo se conforma su memoria aún muestra cierta resistencia para hacerlo de forma consciente, sin embargo, podemos ver cómo se manifiesta en su vida diaria.

Por el momento, mucho de esto son suposiciones mías, espero compartir los resultados pronto con ustedes.

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