Por qué no soporto que me digan “piropos” en la calle
Andar en la calle me causa ansiedad, ver un grupo de hombres a la orilla de la acera en la que camino me pone nerviosa, me sudan las manos, se me altera el pulso, y 100 metros antes probablemente ya estoy pensando qué contestarles. No lo puedo evitar
Resulta que cuando estaba en la escuela, no recuerdo exactamente la edad que tenía, pero de fijo estaba cursando el primer ciclo (1°, 2° 3er grado), iba caminando con mi mamá hacia la escuela, como todas las mañanas, pasamos por un lugar en donde estaban haciendo una construcción o remodelación, los detalles los tengo muy nublados ya que sólo recuerdo la parte grotesca de la situación.
Había varios hombres trabajando en el lugar; mi mamá y yo, de la mano. Mi mamá es una mujer muy bonita, pero también de ella aprendí a ser alguien que puede pasar desapercibida, somos ambas de perfil bajo, no nos vestimos con prendas que llamen la atención, tenemos un estilo muy sencillo. Resulta que con todo y esas características, viendo que mami iba de la mano con su hija, pequeña, camino a la escuela, los asquerosos hombres no se aguantaron a gritarle cualquier estupidez que se les viniera a la cabeza.
No recuerdo bien si fue sólo uno, o fueron varios, si le dijeron sólo una cosa o le dijeron muchas, pero recuerdo ese grito, vulgar, repugnante, irrespetuoso, lleno de machismo y misoginia, donde demostraron que son hombres que solamente ven a la mujer como un objeto: “¡Qué buenas tetas!” le gritaron a mi mamá, una señora dulce, increíble mamá, con un corazón enorme, inteligente, y sólo eso pudieron resaltar de ella. ¡Qué pésima visión tienen, qué bajos instintos, qué empoderados y acuerpados se sienten cuando están en grupo y qué poco respeto por la mujer!
Y es que sí, probablemente mami tenga unas muy bonitas tetas, pero mae, a nadie en el mundo le interesa que un poco de desconocidos le grite algo en la calle, menos que sea algo sobre su cuerpo, del cual nadie está pidiendo una opinión, mucho menos una vulgaridad de esas; y mucho menos a mi mamá.
Recuerdo que mami se sintió muy incómoda, trató de disimular su disgusto y conmigo se hizo la loca sobre lo que había pasado, probablemente no quería causarme un trauma o disgusto más grande. Pero no logró evitarlo, desde ese día, cada vez que caminaba junto con mami a la escuela y pasábamos por ese lugar, me sentía desprotegida, pensaba que ahí cualquier cosa mala podía pasar, que la gente que trabajaba en esa zona era vulgar, corriente, y que podían en cualquier momento hacernos un daño más grande.
Es que en la cabeza de una niña no cabía, hasta ese día, que alguien fuera así de asqueroso (o tal vez sí, pero esa historia quizás me atreva a contrala otro día, ya veremos…), la cosa es que en mi mente sólo una persona muy baja y vil podía hacer eso.
Desde ese día, si alguien se me acerca mucho en la calle, o me dice lo más mínimo sin yo conocerla (y con lo más mínimo me refiero hasta a un “buenos días”), no puedo evitar sentirme frustrada, enojada, y de vez en cuando hasta contestar alguna grosería. Porque simplemente no logro tolerar que alguien invada mi espacio, o me hable sin conocerme, en media calle, sin ningún sentido. Y obvio, uno llega a reconocer el tono y la intención con la cual te lo dicen, y ahí es aún peor; cuando siento que lo hacen con el propósito de hacerme sentir incómoda (de imponerse como unos “súper machos” con poder sobre las mujeres), simplemente lo logran, siento que el alma se me desdobla y puedo perder el control de mi lengua, suelto el primer improperio que se me ocurre y los mando a comer mucha mier…
Porque sí, ese evento de mi infancia, me removió las entrañas, le faltaron el respeto a mi mamá y me lo faltaron también a mí, que no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Y ese sentimiento de impotencia, de enojo y de vulnerabilidad lo arrastro hasta el día de hoy.

